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martes, 21 de septiembre de 2010

EL ELOGIO DEL IMBÉCIL El Imparable ascenso de la estupidez de Pino Aprile


"Esta obra surgió entre una distendida y amigable conversación entre el autor y el Premio Nobel Konrad Lorenz, y responde a esa pregunta que todos -avispados periodistas y genios indiscutibles; altos ejecutivos y míseros curritos- nos hemos hecho tantas veces: ¿por qué nadie está libre de ser un perfecto imbécil?"

Así comienza, de modo claro y contundente, la primera explicación del motivo de éste singular libro. Y su desarrollo un poco en broma un poco en serio, mezcla el humor con la realidad más asombrosa, más estranguladora, más cruel que se transmite en los comportamientos de una sociedad que, a fuerza de contraponer ideas tan dispares como la inteligencia y la imbecilidad, nos deja perplejos por el derrotismo de una y el poder infinito y devorador de la otra.

Sostener que la imbecilidad es un arma que la sociedad de hoy en día utiliza para la defensa y triunfo de las ideas que conservan a la propia especie, es sostener que la estupidez es consecuencia del progreso y como tal el camino al que el ser humano ha llegado a través del proceso evolutivo en una sociedad que ha eliminado la inteligencia lenta pero inexorablemente y que, como sostiene Aprile, si bien ha servido al hombre en los inicios de la historia para sobrevivir y progresar, ahora se ha vuelto un arma letal en una sociedad jerarquizada y burocratizada hasta el punto en que todo lo que salga, por leve que sea, de esa alineación, de esa balsa homogénea de ideas que pretenden igualar a todos, se convierte en un subversivo, en un peligro para la comunidad, en definitiva, en un ser inteligente que está fuera de los cánones establecidos para la convivencia plácida que nos otorga la igualdad del hombre-masa, del estúpido plácido, amodorrado y anestesiado que permanece impasible ante las cosas importantes, transcendentales y que desarrollan hacia el futuro y hacia el progreso de la vida.

En todos los cargos de poder, la imbecilidad domina, manda, y como dice Aprile el poder no necesita talento. El poder radical intenta igualar a la baja la media de la inteligencia de un país, de ahí los exilios de las mentes más brillantes, de las desapariciones, de las muertes, de la hoguera … Son para ese tipo de poderes, las mentes lúcidas las que suponen un peligro y los tachan de subversivos, de elementos rebeldes, de problemáticos. Eso de cara a la galería. Saben perfectamente que serían los únicos capaces de derrocarles por méritos propios. Y este poder déspota no sólo se da a nivel gobierno de naciones, se da a nivel empresa, trabajo, compañeros incluso, todo aquel que se ve amenazado en su imbecilidad por alguien que se ha desmarcado de la estupidez cotidiana que generalmente, todo lo inunda.

Son las personas inteligentes, o con una inteligencia notoria, las que crean en los demás los celos y los recelos, (aunque estos mediocres se aprovechan de las ventajas descubiertas por los más inteligentes y las disfrutan) así que cuanto menos usan su inteligencia más idiotas se vuelven, con lo cual, la idiotez es tropel.

Pero el estúpido se encuentra en todas las jerarquías, y son éstas precisamente las que más colaboran para que la estupidez se incremente. Un sistema burocrático no puede funcionar si no tiene como base bien fundamentada la estupidez. Hay que seguir siempre las mismas reglas, sin plantearse absolutamente nada fuera de ellas, sino el sistema se derrumbaría. Es la propia estupidez la que da consistencia formal a la sociedad.

Desde la escuela se intenta de forma machacadora, destruir todo lo que sobresalga fuera de un programa establecido como común para todos los estudiantes. La genialidad se va difuminando, por cerrársele todas la vías, desde edades muy tempranas y así llegamos a la mediocridad general desde la más tierna infancia. No se protegen ni se estimulan las dotes innatas de los individuos sino que por el contrario se las menosprecia y se intenta por todos los medios eliminarlas. Se pretende hacer una sociedad homogénea, una igualdad adormecida en la imbecilidad, un sofoco de ideas nuevas consideradas un peligro para un equilibrio social. Quizá sea esa la fórmula adecuada y sea la receta para conducir un rebaño. Pero un rebaño es fácil de manipular cuando está falto de ideas nuevas. Todo es previsible y el poder, en cualquier ámbito de la vida, maneja con facilidad ese modo de agrupamiento. Si uno entre cien se desplaza un poco de ese movimiento estupidizado será sofocado instantáneamente para que no revolucione al resto de los alineados. Las jerarquías y las burrocracias no se pueden violentar, se desmoronarían. Sería la catástrofe de una sociedad establecida. Al menos que desde el poder de una nación se abran las puertas a ciertos cambios, aunque sean considerados amenazadores, como no podría ser de otra forma, por las clases bienpensantes y los partidos clásicamente parapetados en la soberanía de la estupidez colectiva.

La estupidez es un sistema de autocracia impuesta por aquellos que pretenden la fácil manipulación de una sociedad cegada por una igualdad cada vez más reducida de miras.

Pino Aprile, va fundamentando su exposición en cinco leyes principales que son el resumen preciso de una elaboración fundamentada de su particular visión de la estupidez en una sociedad que va alcanzando cada día sus cotas máximas. Entre el humor, la ironía, la observación de los comportamientos de la sociedad actual y pasada, recorre su primigenia idea de la estupidez como modo actual de supervivencia: “Los inteligentes han construido el mundo. Pero quienes lo disfrutan y triunfan el él son los imbéciles”. Cabría preguntarse aquí cuál fue la gran semilla del error en esa terrible construcción que dio paso a este resultado tan amorfo y aniquilador de lo más preciado del ser humano para que en esta sociedad actual se convirtiera en un elemento peligroso: la inteligencia. Sea como fuere, los especialistas en el arte de la rapiña de ideas son legión y, aunque imbéciles pues solo saben copiar de los que sobresalen, es tanta su extrema especialización que se comen, para disfrutar ellos acto seguido de los resultados obtenidos, a los padres de todos los inventos o ideas favorables.

Estas leyes son de una retórica humorística, pero no por ello menos ciertas:

Primera ley sobre el fin de la inteligencia: “El imbécil sobrevive. El genio se extingue”.

Corolario de la Primera ley: “Antes tontos que muertos”.

Segunda Ley: “El hombre moderno vive para volverse tonto”.

Tercera Ley: “La inteligencia actúa en beneficio de la estupidez y contribuye a su expansión”.

Yo lo traduciría como el arte del dormir plácida y perezosamente sobre lo que otros han pensado, han descubierto y han conseguido utilizando la inteligencia. Todos a calentarse al fuego que otro ha descubierto utilizando el cerebro. Ya no es necesario seguir poniendo en marcha las neuronas. A parasitar promoviendo la estupidez.

Cuarta Ley: “La imbecilidad sólo puede aumentar”.

Quinta Ley: “La unión no hace la fuerza sino la imbecilidad”. Excepción que confirma esta ley es la cooperación entre personas dotadas de grandes capacidades. Funcionan como un reproductor de la inteligencia, en lugar de un reductor. De este tipo de grupos hay pocos, como indica Aprile. Lo habitual es el agrupamiento y dentro de él siempre tendente a igualar a la baja.




La inteligencia esta destinada a acabarse porque es una facultad provisional, completamente instrumental en la aventura de la especie y no siempre necesaria y por tanto obsoleta, argumentó el escritor. Aprile dijo que vivimos en un momento de ascenso de la estupidez, ser imbécil triunfa, es lo que conviene, vence porque es cómoda, la inteligencia crea problemas, preguntas, cuestiones.

El ascenso de la estupidez nos lleva a la comodidad y a la ferocidad, porque una característica de la estupidez es la violencia. “El estúpido cuando no tiene argumentos grita, a veces levanta las manos y si tiene poder destruye a todos los que hacen preguntas, el poder tiene miedo a la inteligencia”, añadió.

Ya ven cómo se va poniendo el patio. Sea usted tonto, llegará lejos.

y por ahí, no sé ni dónde, le hicieron una entrevista, que copio :

EL IMBÉCIL ES UN ADELANTADO

Lo dice en serio?

-Sí, la inteligencia humana se extingue. Nuestros simiescos antecesores se sirvieron de ella para evolucionar y convertirnos en lo que somos…

-Los predadores más feroces del planeta.

-… pero ahora nuestra supervivencia está asegurada y no necesitamos la inteligencia. La estupidez es un excelente mecanismo para perpetuarnos. De hecho los tontos son prolíficos y los genios tienden a la esterilidad.

-Siempre nos quedará la cultura.

-La selección no es sólo natural sino también cultural, y desde hace miles de años el “Homo sapiens sapiens” elabora comportamientos y sistemas sociales que provocan el exterminio de los mejores. Darwin ya se preguntó por qué los antiguos griegos sufrieron una decadencia imparable.

-¿Demasiadas guerras?

-Sí, fueron víctimas de las reducciones de talentos que se han producido en la evolución de nuestra especie, sobre todo a través de la agresividad intraespecífica. ¿Quiénes murieron bajo los muros de Troya?

-Según Homero, los más listos y guapos.

-En la patria se quedaron los más tontos, cobardes e inútiles, pero les tocó garantizar la continuidad de la raza. Ninguno de los héroes que sobrevivió, al regresar al hogar, quiso quedarse en aquel pueblo de infames que había surgido, y todos escogieron el exilio.

-En nuestros días los listos desertan.

-Nuestro motor evolutivo ha inventado otras astucias para ir contra la inteligencia y sus manifestaciones: formas de organización social como la monarquía, la democracia…

-¿Qué tiene en contra de la democracia?

-Es como una partida trucada: antes de ir a votarlos ya han vencido porque son mayoría. Pero todos los otros sistemas son peores y no se andan con miramientos: Freud tuvo que exilarse, Solzenitsin fue condenado a un “gulag”; Sócrates, a muerte. ¿Eso es malo?

-¡Hombreee!

-La evolución no tiene criterios éticos, morales o estéticos, sino funcionales, y la estupidez funciona. España, tras dominar medio mundo, cayó en una terrible decadencia. A lo largo de tres siglos la Santa Inquisición eliminó, al ritmo de mil hombres al año, a casi todos los mejores, aquellos que dudaban y planteaban problemas, y sin la duda no hay progreso. A partir de ahí, sume y siga.

-Mejor tonto y vivo, que listo y muerto.

-El neardental poseía más cantidad de materia gris que cualquiera de sus semejantes antes y después de él, pero el que sobrevivió fue de nuevo el tonto: el cromañón.

-¿El neardental era demasiado listo?

-Sí, la cabeza del bebé neardental era un 15% mayor que la actual y la mayoría moría en el parto. La inteligencia quedó literalmente estrangulada desde su nacimiento.

-¡Vivan los estúpidos!

-Ésa es la tendencia y, por tanto, hay que revisar el juicio : más que un retrasado es un adelantado; no entiende nada, pero ya está preparado para el futuro. Vivir es volverse.

-¿Adónde quiere llegar?

-Más vida comporta un precio: menos cerebro. Uno de cada dos ancianos sufre Alzheimer.

-Combatirlo es el reto.

-La imbecilidad es una fuerza de la naturaleza, no es algo personal. El mundo está hecho a medida del más. El inteligente es una herramienta que sirve para resolver problemas y así ayudarlos a multiplicarse. Las máquinas más complejas y peligrosas, las organizaciones planetarias, están en manos de individuos universalmente reconocidos como cretinos.

-¿En quién está pensando?

-En dos líderes mundiales: Gerald Ford, presidente de EE.UU., y Leonid Breznev. Del primero se decía que era incapaz de bajar la escalerilla del avión y mascar chicle a la vez. El otro era un alcohólico. Bastaba que apretara un botón para destruir el planeta.

-¿El poder es enemigo de la inteligencia?

-Sí, la inteligencia esta habituada a discutir y el poder no quiere discutir, quiere mandar. El imbécil siempre ve la discusión como una agresión. Todos los sistemas jerárquicos funcionan de acuerdo a una regla básica: hay que respetar las reglas y las costumbres.

-La duda ofende.

-Y es ineficaz, en un sistema jerárquico lo que cuenta es que alguien consiga hacer algo, no que se descubra el mejor modo de hacerlo. La inteligencia es como arena que se introduce en los engranajes: puede obstruir los mecanismos. El genio es subversivo.

-En lugar de aplicar la norma la discute…

-… bloqueando así el camino regular de todo sistema burocrático. Por eso la imbecilidad es la verdadera savia vital de la sociedad. Si la norma fuera la genialidad, la jerarquía se extinguiría por falta de suministro. Las estructuras sociales más estúpidas prosperan y las más inteligentes mueren. La imbecilidad sólo puede aumentar.

-Dígame una cosa: ¿por qué los mandamases siempre están tan ocupados?

-Por la suma de dos principios. El de Peter : en una jerarquía cada persona tiende a ascender hasta que se revela incapaz; y la ley de Parkinson : a partir de ese momento y en adelante empieza a multiplicar sus obligaciones para así ocultar su incompetencia.

-¿Del “Homo sapiens” al “Homo masa”?

-Disuadidos de pensar, educados en deseos que nos han sido impuestos y que son idénticos a los del vecino, somos el producto de un largo proceso evolutivo dirigido a reprimir la obsoleta y molesta inteligencia.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La historia de las Cosas - Video de Cómo se explotan los recursos del planeta

Miren este video, es corto, pero no por eso despreciable, de como funciona el sistema, y como son destruidos los recursos y la gente.

miércoles, 6 de enero de 2010

El Manantial - Película Basada en la Novela El Manantial de Ayn Rand


La película contiene un mensaje político que coincide con la filosofía objetivista randiana. Describe parte de dicha filosofía, aunque según la propia Ayn Rand no quedó del todo conforme con el resultado. Howard Roark es el prototipo de hombre dentro de esta filosofía y Ellsworth Toohey, columnista del periódico, es su antítesis, un hombre cuyo pensamiento podríamos definir en el siguiente extracto del libro en que se basa esta película:
El problema básico del mundo moderno, es la falacia intelectual de considerar que la libertad y la coerción son opuestos. Para resolver los gigantescos problemas que agitan el mundo de hoy, debemos esclarecer nuestra confusión mental. Debemos adquirir una perspectiva filosófica. En esencia, libertad y coerción son la misma cosa. Les daré un ejemplo: los semáforos restringen su libertad de cruzar la calle cuando lo desean. Pero esa restricción les da la libertad de no ser atropellados por un camión. Si se les diera un trabajo y se les prohibiera abandonarlo, se restringiría la libertad de sus carreras, pero se les daría la libertad de no temer al desempleo. Siempre que se impone una nueva coerción sobre nosotros, automáticamente ganamos una nueva libertad. Las dos son inseparables. Sólo aceptando la coerción total podemos conseguir nuestra libertad total.

Entrevistas a Ayn Rand


Ayn Rand, filósofa y escritora estadounidense de origen ruso,ampliamente conocida por haber escrito los bestsellers El manantial y La rebelión de Atlas, y por haber desarrollado un sistema filosófico al que denominó Objetivismo.

Sostenía que el hombre debe elegir sus valores y sus acciones mediante la razón, que cada individuo tiene derecho a existir por sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros para sí, y que nadie tiene derecho a buscar valores de otros ni a imponerles ideas mediante la fuerza física.

Entrevista de la Revista Playboy en Marzo de 1964:

Playboy: Dicen que usted ha hecho el siguiente comentario, "La cruz es el símbolo de la tortura, del sacrificio de lo ideal a lo no-ideal. Prefiero el signo de dólar". ¿De verdad cree que dos mil años de cristianismo se pueden resumir con la palabra "tortura"?

RAND: Para empezar, yo nunca he dicho eso. No es mi estilo. Ni literariamente ni intelectualmente. Yo no digo que prefiero el signo del dólar – eso es una tontería barata, y por favor deje esto en el texto. No sé el origen de esa cita en particular, pero el significado del signo del dólar es evidente en Atlas Shrugged. Es el símbolo, claramente explicado en la historia, del libre comercio y, por tanto, de una mente libre. Una mente libre y una economía libre son corolarios. Una no puede existir sin la otra. El signo del dólar, como símbolo de la moneda de un país libre, es el símbolo de la mente libre. Más que eso, en cuanto al origen histórico del signo del dólar, aunque nunca se ha demostrado, una hipótesis muy probable es que represente las iniciales de los Estados Unidos. Eso en cuanto al signo de dólar. Ahora quiere que hable sobre la cruz. Lo que sí es correcto es que yo considero la cruz como el símbolo del sacrificio de lo ideal a lo no ideal. ¿No es eso lo que significa? Cristo, en términos de la filosofía cristiana, es el ideal humano. Personifica lo que los hombres deben tratar de emular. Sin embargo, según la mitología cristiana, no murió en la cruz por sus propios pecados, sino por los pecados de gente no-ideal. En otras palabras, un hombre de perfecta virtud fue sacrificado para hombres que son viciosos y quienes se supone que esperan o aceptan ese sacrificio. Si yo fuera un cristiano, nada podría indignarme más que eso: la noción de sacrificar el ideal al no-ideal, la virtud al vicio. Y es en nombre de ese símbolo que se les pide a los hombres que se sacrifiquen por sus inferiores. Así es precisamente cómo se utiliza el simbolismo. Eso es tortura.

Playboy: No hay alguna religión que, en su opinión, haya ofrecido alguna vez algún valor constructivo a la vida humana?

RAND: La religión como tal, no – en el sentido de una creencia ciega, una creencia sin base en, y contraria a, los hechos de la realidad y las conclusiones de la razón. La fe, como tal, es extremadamente perjudicial para la vida humana: Es la negación de la razón. Pero hay que recordar que la religión es una forma primitiva de filosofía, que los primeros intentos de explicar el universo, de darle un marco de referencia coherente a la vida del hombre y un código de valores morales, fueron hechos por la religión, antes de que los hombres crecieran y se desarrollaran lo suficientemente para tener filosofía. Y, como las filosofías, las religiones tienen algunos puntos de moral muy valiosos. Ellas pueden tener una buena influencia o principios adecuados que inculcar, pero en un contexto muy contradictorio y, con una – ¿cómo puedo decir esto? con una base peligrosa y malevolente: una base de fé.

Playboy: Entonces usted diría que si tuviera que elegir entre el símbolo de la cruz y el símbolo del dólar, ¿usted escogería el dólar?

RAND: Yo no aceptaría tal opción. Dicho de otra forma: Si tuviera que escoger entre fe y razón, yo ni siquiera consideraría la opción concebible. Como ser humano, uno escoge la razón.











miércoles, 25 de noviembre de 2009

Super Vivientes por Kirchner

A buen entendedor... pocas palabras.






viernes, 20 de noviembre de 2009

El Lado Oscuro de la Luna - ¿Documental Falso?



El Lado Oscuro de la Luna, es un falso documental o documental-ficción del canal televisivo francés ARTE France, rodado en el año 2002, con una duración de 52 minutos y dirigido por el director franco-tunecino William Karel.

En el falso documental se especula con la posibilidad de que la llegada del hombre a la Luna por parte del Apolo 11 fuera un monumental engaño encargado por el entonces presidente Richard Nixon, y que las imágenes del hecho fueran rodadas en un estudio por Stanley Kubrick, quien por entonces rodaba "2001, Una Odisea en el Espacio"

Para dar credibilidad al engaño, el director Karel metió entrevistas con personajes reales como los secretarios de Defensa y Estado Donald Rumsfeld y Henry Kissinger, el entonces director de la CIA Richard Helms, el astronauta Buzz Aldrin, Alexander Haig y la propia viuda del director, Christiane Kubrick. No obstante, esas entrevistas fueron sacadas de contexto o se hicieron con preguntas vagas. Al final del documental se ven "tomas falsas" en las que muestran riéndose a los participantes. También contribuyó al engaño el ser rodado y emitido por el canal especializado en documentales ARTE, considerado "serio".

Como guiño a los seguidores de Kubrick, algunos personajes tienen nombres de personajes de filmes suyos, como Dimitri Muffley, suma de los nombres de los presidentes ruso y norteamericano en "¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú", David Bowman, de 2001: una odisea espacial, Jack Torrance de "El resplandor"; aparte de dos referencias a personajes de "Con la muerte en los talones" de Hitchcok, Eve Kendall y George Kaplan. Otro personaje se llama W.A. Koenigsberg, una "construcción" entre las iniciales de Woody Allen (W.A.) y su nombre real Allen Stewart Koenigsberg.

Su primera emisión fué el 1 de abril de 2004, día francés de los inocentes. También ha sido emitido en otros países en el día de los inocentes local.

Si bien se denomina como un “documental falso” por sus creadores, es interesante para reflexionar sobre el poder de persuasión, o mejor dicho manipulación, que se llega a desplegar a través de los medios de comunicación.

La tarea más difícil en toda la historia de la humanidad, realizada exitosamente en su primer intento en el año de 1969, con la tecnología de la época.
Hoy con los avances tecnológicos existentes, nunca más fue realizada de nuevo… esto explica solamente una cosa que fue todo una gran mentira.

Este documental es real y los creadores usan las palabras “documental falso” para describirlo, cuando en realidad es un “documental señuelo" de lo que pasó realmente.

El Lado Oscuro de la Luna, fue echo para mostrar, todas las pruebas reales que hay en contra de la llegada del hombre a la luna, y todas las cosas que salieron mal en la puesta de escena.
También, para reforzarlo, cuenta con entrevistas a gente de renombre, que estuvo allí, y que admite que los ayudó en ese momento y tiene todavía el juramento a muerte sobre el tema, para luego difundirlo por canales de renombre y serios, como una “broma”, así todo el mundo se ríe y desacredita esas mismas pruebas reales diciendo que eran todas patrañas"



martes, 17 de noviembre de 2009

Aritmética Población y Energía – Los Fundamentos Olvidados de la Crisis Energética


"La democracia, no sobrevive cuando hay sobrepoblación.
La dignidad humana no puede sobrevivir a ello.
La comodidad y la decencia no pueden sobrevivir a ello.
A medida que crece la población planetaria el valor de una vida no solamente declina, sino que al final desaparece. Ya no importa si alguien muere. Cuanta más gente hay, menos importa cada individuo."













El infierno son los demás

Los esclavos son peligrosos... porqué? porque no quieren admitir que lo son, por eso son peligrosos, porque harán lo que sea, incluso lastimarte si les recuerdas lo esclavos que son, ellos no pueden vivir sin el sistema, por ello lo defenderán con uñas y dientes.

Lo peor de todo es, que el mismo sistema lo sabe y gracias a eso, vive tranquilamente a costa de esos esclavos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

El Varon Domado - Esther Vilar


“Hagan lo que hagan para impresionar a las mujeres,
los varones no cuentan en el mundo de éstas. En el
mundo de las mujeres no cuentan más que las mujeres”.
Esther Vilar.

Ante los festínes comerciales de los “Días del amor y la amistad”, cursi festividades de consumismo brutal. En donde las exigencias femeninas son de atención ternura y corazoncitos rojos. Además quién mejor que una mujer, Esther Vilar (1935), para asumir esa responsabilidad por medio del exitoso libro, a 37 años de la primera edición, “El varón domado”.

El libro de Esther Vilar es una vuelta a la tuerca, un apretón más, a los movimientos feministas que se impusieron al finalizar la revolucionaria década de los sesenta, al desenmascarar las demandas de la liberación femenina. Se convierte así, en la literatura por lo menos, en la primera defensora de los derechos del varón. La primera edición data de l971, publicada en Viena, Austria. En español Grijalbo la editó en l973.
La obra de Esther Vilar, autora argentina, hija de alemanes, demuestra que no es una antifeminista ni promachista, es una mente inteligente capaz de pugnar por el justo medio, por el equilibrio y el respeto de los géneros, que son necesarios uno al otro, sin caer en las ridiculeces de los políticos actuales, que lejanos en edad, se expresan con torpezas lingüísticas que son un monumento a la ignorancia.

“El varón domado” contiene capítulos hilarantes. Risa nerviosa ante la realidad de la conquista, manipulación y la doma del varón iniciada en la infancia. Las madres tienen la responsabilidad de crear y forjar hombres para las domadoras. El éxito de la domesticación varonil causa risa en el primer capítulo. Demuestra la autocomplacencia masculina por servir a la mujer y la facilidad para ser manipulados por las mujeres que no tienen nada de desvalidas.

Si bien el libro fué escrito hace tiempo, insiste en la psicología de mujer "ama de casa" y no trabajadora, sigue siendo un libro para pensar y razonar. ¿que tan lejos en la experiencia de cada uno, están estos pensamientos?

la marcada realidad de que cada vez más, las mujeres ocupan más y más puestos de trabajo, cambiando el rol con los hombres como sustento de familia, y como la toma de deciciones importantes en la economía del hogar, nos evidencia que todo el capitalismo es para las ovejas femeninas y para que sean ellas la mano de obra docil del futuro y no los hombres.

“Este libro está dedicado a las personas que no aparecen en él; a los pocos hombres que no se dejan amaestrar y a las pocas mujeres que no son venales. Y a los seres afortunados que no tienen valor mercantil, por ser demasiado viejos, demasiado feos o demasiado enfermos”. Ester Vilar.


Para leer el libro completo, solo tienes que hacer click Aquí.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

No Logo - Naomi Klein


Este libro se basa en una hipótesis sencilla: a medida que los secretos que yacen detrás de la red mundial de las marcas sean conocidos por una cantidad cada vez mayor de personas, su exasperación provocará la gran conmoción política del futuro, que consistirá en una vasta ola de rechazo frontal a las empresas transnacionales, y especialmente a aquellas cuyas marcas son más conocidas.

No Logo es un libro que trata de explicar el porqué de la irritación de la gente contra ciertas marcas, sobre todo las «grandes marcas», las empresas que hay detrás de ellas, sus formas de invadir con publicidad todo cada rincón de las ciudades y del planeta. Al hacerlo descubre muchos datos interesantes sobre las estrategias y la realidad que se esconde detrás de las grandes corporaciones y las marcas que a todos resultan familiares.

El libro describe cómo cambió el mundo de las marcas en las últimas décadas del siglo XX, y cómo las estrategias de márketing y publicidad de las empresas pasaron de estar centradas en los productos a estar centradas únicamente en las marcas.

Para descargar el libro completo haz click aquí

En estos videos puedes ver a Naomi Klein en persona explicando su libro:







domingo, 8 de noviembre de 2009

Los Ladrones del Tiempo



La idea principal de Momo puede ser visto como una crítica al consumismo. Muestra el peligro de verse seducido por los intereses ocultos de empresas que cuentan con el suficiente poder como para influir en el estilo de vida de la gente. En el mismo sentido es también una profunda crítica al modelo racional de concebir el tiempo, un modelo economicista que olvida esos pequeños momentos y sensaciones que sin tener valor económico y por tanto puedan parecer superfluas, son realmente importantes en la vida humana que siempre tiene una vertiente espiritual.

Puedes descargar este libro haciendo click aqui


"... EXISTE una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
Y nadie lo sabía tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de vida, incluso, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre, y así actuaban.
Ellos se habían hecho sus planes con el tiempo de los hombres. Eran planes trazados muy cuidadosamente y con gran previsión. Lo más importante era que nadie prestara atención a sus actividades. Se habían incrustado en la vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atención. Paso a paso, sin que nadie se diera cuenta, continuaban su invasión y tomaban posesión de los hombres.
Conocían a cualquiera que parecía apto para sus planes mucho antes de que éste se diera cuenta. No hacían más que esperar el momento adecuado para atraparle. Aunque hicieran todo lo posible para que ese momento llegara pronto.
Tomemos, por ejemplo, al señor Fusi, el barbero. Es cierto que no se trataba de un peluquero famoso, pero era apreciado en su barrio. No era ni pobre ni rico. Su tienda, situada en el centro de la ciudad, era pequeña, y ocupaba a un aprendiz.
Un día, el señor Fusi estaba a la puerta de su establecimiento y esperaba a la clientela. El aprendiz libraba aquel día, y el señor Fusi estaba solo. Miraba cómo la lluvia caía sobre la calle, pues era un día gris, y también en el espíritu del señor Fusi hacía un día plomizo.
«Mi vida va pasando», pensaba, «entre el chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón. ¿Qué estoy haciendo de mi vida? El día que me muera será como, si nunca hubiera existido».
A todo eso no hay que creer que el señor Fusi tuviera algo que oponer a una charla. Todo lo contrario: le encantaba explicar a los clientes, con toda amplitud, sus opiniones, y oír lo que ellos pensaban de ellas. Tampoco le molestaba en absoluto el chasquido de las tijeras o la espuma de jabón. Su trabajo le gustaba mucho y sabía que lo hacía bien. Especialmente su habilidad en afeitar a contrapelo bajo la barbilla era difícil de superar. Pero hay momentos en que uno se olvida de todo eso. Le pasa a todo el mundo.
«¡Toda mi vida es un error!», pensaba el señor Fusi. «¿Qué se ha hecho de mí? Un insignificante barbero, eso es todo lo que he conseguido ser. Pero si pudiera vivir de verdad sería otra cosa distinta.»
Claro que el señor Fusi no tenía la menor idea de cómo habría de ser eso de vivir de verdad. Sólo se imaginaba algo importante, algo muy lujoso, tal como veía en las revistas.
«Pero», pensaba con pesimismo, «mi trabajo no me

deja tiempo para ello. Porque para vivir de verdad hay que tener tiempo. Hay que ser libre. Pero yo seguiré toda mi vida preso del chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón».
En ese momento se acercó un coche lujoso, gris, que se detuvo exactamente delante de la barbería del señor Fusi. Se apeó de él un señor gris, que entró en el establecimiento. Puso su cartera gris en la mesa, delante del espejo, colgó su bombín del perchero y, sentándose en el sillón, sacó del bolsillo un cuaderno de notas que comenzó a hojear, mientras fumaba su pequeño cigarro gris.
El señor Fusi cerró la puerta de la barbería porque le pareció que, de repente, hacía mucho frío allí.
—¿En qué puedo servirle? —preguntó trastornado. ¿Afeitar o cortar el pelo? —y en el mismo instante se maldijo por su falta de tacto, pues el señor cliente poseía una calva reluciente.
—Ni lo uno ni lo otro —dijo el hombre gris, sin sonreír, con una voz átona, que podríamos llamar gris ceniza—. Vengo de la caja de ahorros de tiempo. Soy el agente n.° XYQ/384/b. Sabemos que quiere abrir una cuenta de ahorros en nuestra entidad.
—Eso me resulta nuevo —contestó el señor Fusi, más desconcertado todavía—. Si he de serle franco, no sabía siquiera que existiera una institución así.
—Pues bien, ahora lo sabe —respondió, tajante, el agente. Volvió algunas hojas de su cuaderno y prosiguió—. Usted es el señor Fusi, el barbero, ¿no es así?
—Pues sí, ése soy yo —contestó el señor Fusi.
—Entonces no me he equivocado de dirección —dijo el hombre gris mientras cerraba su cuaderno de notas—. Es usted candidato de nuestra institución.
—¿Cómo, cómo? —preguntó el señor Fusi, sorprendido todavía.
—Verá usted, querido señor Fusi —dijo el agente—, se gasta usted la vida entre el chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón. Cuando usted se muera, será como si nunca hubiera existido. Si tuviera tiempo para vivir de verdad, sería otra cosa. Todo lo que necesita es tiempo. ¿Tengo razón?
—En eso, precisamente, estaba pensando —murmuró el señor Fusi, con un escalofrío, porque a pesar de haber cerrado la puerta, cada vez hacía más frío.
—¡Lo ve! —repuso el hombre gris, chupando con satisfacción su pequeño cigarro—. Pero, ¿de dónde sacar el tiempo? Hay que ahorrarlo. Usted, señor Fusi, gasta el tiempo de un modo totalmente irresponsable. Se lo demostraré con una pequeña cuenta. Un minuto tiene sesenta segundos. Y una hora tiene sesenta minutos. ¿Me sigue?
—Claro —dijo el señor Fusi.
El agente n.° XYQ/384/b comenzó a escribir las cifras, con un lápiz gris, en el espejo.
—Sesenta por sesenta son tres mil seiscientos. De modo que una hora tiene tres mil seiscientos segundos. Un día tiene veinticuatro horas, es decir, tres mil seiscientos por veinticuatro, lo que da ochenta y seis mil cuatrocientos segundos por día. Un año tiene, como sabe todo el mundo, trescientos sesenta y cinco días. Lo que nos da treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos por año. O trescientos quince millones trescientos sesenta mil segundos en diez años. ¿En cuánto estima usted, señor Fusi, la duración de su vida?
—Bueno —tartamudeó el señor Fusi, trastornado, espero llegar a los setenta u ochenta años.
—Está bien —prosiguió el hombre gris—, por precaución contaremos con setenta años. Eso sería, pues, trescientos quince millones trescientos sesenta mil por siete. Lo que da dos mil doscientos siete millones quinientos veinte mil segundos.
Y escribió esa cifra con grandes números en el espejo:
2 207 520 000 segundos.
Después la subrayó varias veces y declaró:
—Esta es, pues, señor Fusi, la fortuna de que dispone.
El señor Fusi tragó saliva y se pasó la mano por la frente, La cifra le daba mareos. Nunca había pensado que fuera tan rico.
—Sí —dijo el agente, asintiendo con la cabeza, mientras volvía a aspirar su pequeño cigarro gris—, es una cifra impresionante, ¿verdad? Pero todavía hemos de continuar. ¿Cuántos años tiene usted, señor Fusi?
—Cuarenta y dos —farfulló éste, mientras de repente se sentía tan culpable como si hubiera cometido un desfalco.
—¿Cuántas horas suele dormir, de promedio, cada noche? —siguió inquiriendo el hombre gris.
—Unas ocho horas —confesó el señor Fusi.
El agente calculó a la velocidad del rayo. El lápiz volaba con tal rapidez sobre el espejo, que al señor Fusi se le erizaba el cabello.
—Cuarenta y dos años —ocho horas diarias—, eso da cuatrocientos cuarenta y un millones quinientos cuatro mil. Esa suma podemos darla ya por perdida. ¿Cuánto tiempo tiene que sacrificar diariamente para el trabajo, señor Fusi?
—Ocho horas, más o menos, también —reconoció el señor Fusi con humildad.
—Entonces hemos de asentar una vez más la misma suma en el saldo negativo —prosiguió el agente, inflexible—. Pero resulta que también se le gasta algún tiempo debido a la necesidad de alimentarse. ¿Cuánto tiempo necesita, en total, para todas las comidas del día?
—No lo sé exactamente —dijo el señor Fusi, miedoso—, ¿dos horas, quizá?
—Eso me parece demasiado poco —dijo el agente—, pero admitámoslo. Eso da, en cuarenta y dos años, el importe de ciento diez millones trescientos setenta y seis mil. Prosigamos. Vive usted solo con su anciana madre, según sabemos. Cada día le dedica a la buena señora una hora entera, lo que significa que se sienta con ella y le habla, a pesar de que está tan sorda que apenas puede oírle. Eso es tiempo perdido: da cincuenta y cinco millones ciento ochenta y ocho mil. Además, tiene usted, sin ninguna necesidad, un periquito, cuyo cuidado le cuesta, diariamente, un cuarto de hora, lo que, al cambio, da trece millones setecientos noventa y seis mil.
—Pero... —intervino, suplicante, el señor Fusi.
—¡No me interrumpa! —gruñó el agente, que contaba más de prisa cada vez—. Como su madre está impedida, usted, señor Fusi, tiene que hacer parte de las tareas de la casa. Tiene que ir a hacer la compra, lustrar los zapatos y otras cosas molestas. ¿Cuánto tiempo le lleva eso diariamente?
—Acaso una hora, pero...
—Eso da otros cincuenta y cinco millones ciento ochenta y ocho mil, que pierde. Sabemos, además, que va una vez a la semana al cine, que una vez a la semana canta en un orfeón, que tiene un grupo de amigos, con los que se reúne dos veces por semana y que a veces incluso lee un libro. En resumen, que mata usted el tiempo con actividades inútiles, y eso durante unas tres horas diarias, lo que da ciento sesenta y cinco millones quinientos sesenta y cuatro mil. ¿No se encuentra bien, señor Fusi?
—No —contestó el señor Fusi—, perdone, por favor...
—En seguida acabamos —dijo el hombre gris—. Pero tenemos que hablar todavía de un capítulo especial de su vida. Porque tiene usted un pequeño secreto... Usted ya sabe...
Al señor Fusi comenzaron a castañetearle los dientes de tanto frío que tenía.
—¿Eso también lo sabe? —murmuró, agotado—. Creía que, aparte de mí y la señorita Daria...
—En nuestro mundo moderno —le interrumpió el agente n.° XYQ/384/b—, no hay sitio para secretitos. Vea usted las cosas con realismo, señor Fusi. Contésteme a pregunta: ¿quiere usted casarse con la señorita Daria?
—No —dijo el señor Fusi—, eso no va...
—Precisamente —prosiguió el hombre gris—, porque la señorita Daria estará toda su vida encadenada a la silla de ruedas, porque tiene paralizadas las piernas. A pesar de eso, usted va a verla cada día, durante media hora, para llevarle una flor. ¿A qué viene eso?
—Se alegra tanto siempre —contestó el señor Fusi, a punto de llorar.
—Pero visto fríamente —repuso el agente—, es tiempo perdido para usted. Exactamente veintisiete millones quinientos noventa y cuatro mil segundos, hasta ahora. Y si a ello añadimos que tiene usted la costumbre de sentarse, cada noche, antes de acostarse, junto a la ventana, durante un cuarto de hora, para reflexionar sobre el día transcurrido, podemos restar, una vez más, la suma de trece millones setecientos noventa y siete mil. Veamos ahora lo que queda, señor Fusi.
En el espejo había ahora la siguiente suma:
sueño 441 504 000 segundos
trabajo 441 504 000 »
alimentación 110 376 000 »
madre 55 188 000 »
periquito 13 797 000 »
compra, etc. 55 188 000 »
amigos, orfeón, etc. 165 564 000 »
secreto 27 594 000 »
ventana 13 797 000 »
total 1 324 512 000 segundos
—Esta suma —dijo el hombre gris, mientras golpeaba varias veces el espejo con su lápiz, con tal fuerza, que sonaba como tiros de revólver—, esta suma es, pues, el tiempo que ha perdido hasta ahora, señor Fusi. ¿Qué le parece?
Al señor Fusi no le parecía nada. Se sentó en una silla, en un rincón, y se secó la frente con el pañuelo, porque a pesar del frío estaba sudando.
El hombre gris asintió, serio.
—Sí, se está dando exacta cuenta —dijo—. Ya es más de la mitad de su fortuna inicial, señor Fusi. Pero ahora vamos a ver qué le ha quedado de sus cuarenta y dos años. Un año son treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos, como sabe. Y eso, multiplicado por cuarenta y dos da mil trescientos veinticuatro millones quinientos doce mil. Escribió esa cifra debajo del tiempo perdido:
1 324 512 000 segundos
—1 324 512 000 segundos
0 000 000 000 segundos.
Se guardó el lápiz e hizo una larga pausa para que la vista de la larga serie de ceros hiciera su efecto sobre el señor Fusi.
«Este es, pues», pensaba el, señor Fusi, anonadado, el balance de toda mi vida hasta ahora. »
Estaba tan impresionado por la cuenta, que cuadraba con tal precisión que lo aceptó todo sin contradicción. Y la cuenta en sí era correcta. Este era uno de los trucos con los que los hombres grises estafaban a los hombres en mil ocasiones.
—¿No cree usted —retomó la palabra, en tono suave, el agente n.° XYQ/384/b —, que no puede seguir con este despilfarro? ¿No sería hora, señor Fusi, de empezar a ahorrar?
El señor Fusi asintió, mudo, con los labios morados de frío.
—Si, por ejemplo —proseguía la voz cenicienta del agente junto al oído del señor Fusi—, hubiera empezado a ahorrar una hora diaria hace veinte años, tendría ahora un saldo de veintiséis millones doscientos ochenta mil segundos. De ahorrar diariamente dos horas, el saldo, claro está, sería doble, es decir, cincuenta y dos millones quinientos sesenta mil. Y, por favor, señor Fusi, ¿qué son dos miserables horitas a la vista de esta suma?
—¡Nada! —exclamó el señor Fusi—. ¡Una pequeñez!
—Me alegra que se dé usted cuenta — prosiguió el agente—. Y si calculamos lo que habría ahorrado, en las mismas condiciones, en veinte años más, nos daría la señorial cifra de ciento cinco millones ciento veinte mil segundos. Todo este capital estaría a su libre disposición al alcanzar los sesenta y dos años.
—¡Magnífico! —farfulló el señor Fusi, poniendo ojos como platos.
—Espere —prosiguió el hombre gris—, que todavía hay más. Nosotros, los de la caja de ahorros de tiempo, no nos limitamos a guardarle el tiempo que usted ha ahorrado, sino que le pagamos intereses. Lo que significa que, en realidad, tendría usted mucho más.
—¿Cuánto más? —preguntó el señor Fusi, sin aliento.
—Eso dependerá de usted —aclaró el agente—, según la cantidad que ahorrara y el plazo en que dejara fijos sus ahorros.
—¿Plazo fijo? —se informó el señor Fusi—. ¿Qué significa eso?
—Es muy sencillo —dijo el hombre gris—. Si usted no nos exige la devolución del tiempo ahorrado antes de cinco años, nosotros se lo doblamos. Su fortuna, pues, se dobla cada cinco años, ¿entiende? A los diez años sería cuatro veces la suma original, a los quince años ocho veces y así sucesivamente. Si hubiera empezado a ahorrar sólo dos horas diarias hace veinte años, a los sesenta y dos años, es decir, después de un total de cuarenta años, dispondría del tiempo ahorrado hasta entonces por usted multiplicado por doscientos cincuenta y seis. Serían veintiséis mil novecientos diez millones setecientos veinte mil.
Tomó una vez más su lápiz gris y escribió también esa cifra en el espejo:
26 910 720 000 segundos
—Como puede usted ver, señor Fusi —dijo entonces, mientras sonreía por primera vez—, sería más del décuplo de todo el tiempo de su vida original. Y eso ahorrando sólo dos horas diarias. Piense si no merece la pena esa oferta.
—¡Y tanto! —dijo el señor Fusi agotado—. Sin duda que sí. Soy un infeliz por no haber empezado a ahorrar hace tiempo. Ahora me doy cuenta, y he de confesar que estoy desesperado.
—Para eso no hay ningún motivo —dijo el hombre gris con suavidad—. Nunca es demasiado tarde. Si usted quiere, puede empezar hoy mismo. Verá usted que merece la pena.
—¡Y tanto que quiero! —gritó el señor Fusi—¿Qué he de hacer?
—Querido amigo —contestó el agente, alzando las cejas—, usted sabrá cómo se ahorra tiempo. Se trata, simplemente, de trabajar más de prisa, y dejar de lado todo lo inútil. En lugar de media hora, dedique un cuarto de hora a cada cliente. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Lo mejor sería que la dejara en un buen asilo, pero barato, donde cuidaran de ella, y con eso ya habrá ahorrado una hora. Quítese de encima el periquito. No visite a la señorita Daria más que una vez cada quince días, si es que no puede dejarlo del todo. Deje el cuarto de hora diario de reflexión, no pierda su tiempo precioso en cantar, leer, o con sus supuestos amigos. Por lo demás, le recomiendo que cuelgue en su barbería un buen reloj, muy exacto, para poder controlar mejor el trabajo de su aprendiz.
—Está bien —dijo el señor Fusi—, puedo hacer todo eso. Pero, ¿qué haré con el tiempo que me sobre? ¿Tengo que depositarlo? ¿Dónde? ¿O tengo que guardarlo? ¿Cómo funciona todo eso?
—No se preocupe —dijo el hombre gris, mientras sonreía por segunda vez—. De eso nos ocupamos nosotros. Puede usted estar seguro de que no se perderá nada del tiempo que usted ahorre. Ya se dará cuenta de que no le sobra nada.
—Está bien —respondió el señor Fusi, anonadado—, me fío de ustedes.
—Hágalo tranquilo, querido amigo —dijo el agente, mientras se levantaba—. Puedo, pues, darle la bienvenida a la gran comunidad de los ahorradores de tiempo. Ahora también usted, señor Fusi, es un hombre realmente moderno y progresista. ¡Le felicito!
Con estas palabras tomó el sombrero y la cartera.
—¡Un momento, por favor! —le llamó el señor Fusi—. ¿No tenemos que firmar algún contrato? ¿No me da algún papel?
El agente n.° XYQ/384/b se volvió, en la puerta, y miró al señor Fusi con cierta desgana.
— ¿Para qué? —preguntó—. El ahorro de tiempo no se puede comparar con ningún otro tipo de ahorro. Es una cuestión de confianza absoluta por ambas partes. A nosotros nos basta su asentimiento. Es irrevocable. Nosotros nos ocupamos de sus ahorros. Cuánto va a ahorrar usted, es cosa suya. No le obligamos a nada. Usted lo pase bien, señor Fusi.
Con estas palabras, el agente se montó en su elegante coche y salió disparado.
El señor Fusi le siguió con la mirada y se frotó la frente. Poco a poco volvía a entrar en calor, pero se sentía enfermo. El humo azul del pequeño cigarro del agente siguió flotando durante mucho tiempo por la barbería, sin querer disolverse.
Sólo cuando el humo hubo desaparecido, comenzó a sentirse mejor el señor Fusi. Pero del mismo modo que desaparecía el humo, palidecían también las cifras del espejo. Y cuando se borraron del todo, se borró también de la memoria del señor Fusi el recuerdo de su visitante gris: el recuerdo del visitante, no el de la decisión. Esta la consideró ahora como propia. El propósito de ahorrar tiempo para poder empezar otra clase de vida en algún momento del futuro, se había clavado en su alma como un anzuelo.
Y entonces llegó el primer cliente del día. El señor Fusi le atendió refunfuñando, dejó de lado todo lo superfluo, se estuvo callado, y, efectivamente, en lugar de en media hora acabó en veinte minutos.
Lo mismo hizo desde entonces con todos los clientes. Su trabajo, hecho de esta manera, no le gustaba nada, pero eso ya no importaba. Además del aprendiz, contrató dos oficiales y vigilaba que no perdieran ni un solo segundo. Cada movimiento se realizaba según un plan de tiempos exactamente calculado. En la barbería del señor Fusi colgaba ahora un cartel que decía:
El tiempo ahorrado vale el doble.
Escribió una cartita breve, objetiva, a la señorita Daria, en la que decía que por falta de tiempo no podría ir a verla. Vendió su periquito a una pajarería. Envió a su madre a un asilo bueno, pero barato, adonde la iba a ver una vez al mes. También en todo lo demás siguió los consejos del hombre gris, pues los tomaba por decisiones propias.
Cada vez se volvía más nervioso e intranquilo, porque ocurría una cosa curiosa: de todo el tiempo que ahorraba, no le quedaba nunca nada. Desaparecía de modo misterioso y ya no estaba. Al principio de modo apenas sensible, pero después más y más, se iban acortando sus días. Antes de que se diera cuenta, ya había pasado una semana, un mes, un año y otro.
Como ya no se acordaba de la visita del hombre gris, debería de haberse preguntado en serio a dónde iba a parar su tiempo. Pero esa pregunta nunca se la hacía, al igual que todos los demás ahorradores de tiempo. Había caído sobre él una especie de obsesión ciega. Y si alguna vez se daba cuenta de que sus días se volvían más y más cortos, ahorraba con mayor obsesión.
Al igual que al señor Fusi, le ocurría a mucha gente de la gran ciudad. Y cada día eran más los que se dedicaban a lo que ellos llamaban «ahorrar tiempo». Y cuantos más eran, más los imitaban, e incluso aquellos que en realidad no querían hacerlo no tenían más remedio que seguir el juego.
Diariamente se explicaban por radio, televisión y en los periódicos las ventajas de nuevos inventos que ahorraban tiempo, que, un día, regalarían a los hombres la libertad para la vida «de verdad». En las paredes se pegaban carteles en los que se veían todas las imágenes posibles de la felicidad. Debajo ponía, en letras luminosas:
Los ahorradores de tiempo viven mejor
Los ahorradores de tiempo son dueños del futuro
Cambia tu vida: ahorra tiempo
Pero la realidad era muy otra. Es cierto que los ahorradores de tiempo iban mejor vestidos que los que vivían cerca del viejo anfiteatro. Ganaban más dinero y podían gastar más. Pero tenían caras desagradables, cansadas o amargadas y ojos antipáticos. Ellos, claro está, desconocían la frase: ¡Ve con Momo! No tenían a nadie que pudiera escucharles y les ayudara a volverse listos, amistosos o contentos. Pero incluso si hubieran tenido a alguien así es más que dudoso que jamás hubieran ido a verle, a menos que se hubiera podido resolver la cuestión en cinco minutos. Si no, lo habrían considerado tiempo perdido. Según decían, tenían que aprovechar incluso los ratos libres, con lo que tenían que conseguir como fuera y a toda prisa diversión y relajación.
Así que ya no podían celebrar fiestas de verdad, ni alegres ni serias. El soñar se consideraba, entre ellas, casi un crimen. Pero lo que más les costaba soportar era el silencio. Porque en el silencio les sobrevenía el miedo, porque intuían lo que en realidad estaba ocurriendo con su vida. Por eso hacían ruido siempre que los amenazaba el silencio. Pero está claro que no se trataba de un ruido divertido, como el que reina allí donde juegan los niños, sino de uno airado y pesimista, que de día en día había más ruidosa la ciudad.
El que a uno le gustara su trabajo y lo hiciera con amor no importaba; al contrario, eso sólo entretenía. Lo único importante era que hiciera el máximo trabajo en el mínimo de tiempo.
En todos los lugares de trabajo de las grandes fábricas y oficinas colgaban carteles que decían:
El tiempo es precioso —no lo pierdas
El tiempo es oro —ahórralo
Había carteles parecidos en los escritorios de los jefes, sobre los sillones de los directores, en las salas de consulta de los médicos, en las tiendas, restaurantes y almacenes e incluso en las escuelas y parvularios. No se libraba nadie.
Al final, incluso la propia ciudad había cambiado más y más su aspecto. Los viejos barrios se derribaban y se construían casas nuevas en las que se dejaba de lado todo lo que parecía superfluo. Se evitaba el esfuerzo de construir las casas en función de la gente que tenía que vivir en ellas, porque entonces se tendrían que construir muchas casas diferentes. Resultaba mucho más barato y, sobre todo, ahorraba tiempo, construir las casas todas iguales.
Al norte de la ciudad se extendían ya inmensos barrios nuevos. Se alzaban allí, en filas interminables, las casas de vecindad de muchos pisos, que se parecían entre sí como un huevo a otro. Y como todas las casas eran iguales, también las calles eran iguales. Y estas calles monótonas crecían y crecían y se extendían hasta el horizonte: un desierto de monotonía. Del mismo modo discurría la vida

de los hombres que vivían en ellas: derechas hasta el horizonte. Porque aquí, todo estaba calculado y planificado con exactitud, cada centímetro y cada instante.
Nadie se daba cuenta de que, al ahorrar tiempo, en realidad ahorraba otra cosa. Nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría.
Los que lo sentían con claridad eran los niños, pues para ellos nadie tenía tiempo.
Pero el tiempo es vida, y la vida reside en el corazón.
Y cuanto más ahorraba de esto la gente, menos tenía. ..."

Momo. Michael Ende, 1973

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El Dilema del Prisionero

El Nuevo Orden Mundial no es un juego, pero bien se puede graficar como uno. Por ende podemos hacer un pequeño cuadro, teniendo en cuenta “El Dilema del Prisionero” que forma parte de la Teoría de Los Juegos:

La enunciación clásica del dilema del prisionero es:

“La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante seis meses por un cargo menor.”
Lo que puede resumirse como:









Vamos a suponer que ambos prisioneros son completamente egoístas y su única meta es reducir su propia estancia en la cárcel. Como prisioneros tienen dos opciones: cooperar con su cómplice y permanecer callado, o traicionar a su cómplice y confesar. El resultado de cada elección depende de la elección del cómplice. Por desgracia, uno no conoce qué ha elegido hacer el otro. Incluso si pudiesen hablar entre sí, no podrían estar seguros de confiar mutuamente.

En el caso que nos interesa, las variables son:

El Nuevo orden mundial va a dominar el mundo, y los únicos que podemos impedirlo somos todos nosotros, y para eso la única forma, es que muchas personas y cuando digo muchas digo muchísimas, se pongan de acuerdo para moverse y actuar. Esto es algo muy difícil y en eso radica el poder de los arquitectos del Nuevo Orden, y es su mayor fuerza, el egoismo innato del ser humano.

La unión de las masas es una incertidumbre, porque el pensamiento individual de la mayoría de nosotros, siempre tiende a ser cobarde (Si yo actúo primero, soy al que primero van a poner en la mira, mejor espero que se muevan otros y actúen primero, si les sale bien, entonces ahí sí me muevo y comienzo a actuar.)
El resto de la gente, que forman el grupo minoritario, son las que toman responsabilidad directa sobre su futuro, sin importar que la mayoría haga.






























Como se ve en el cuadro, la única vía de acción es la de la cooperación, en todos los Sistemas la cooperación es la que mejor resultados da, a todos los individuos por igual. Las decisiones egoístas que no benefician al grupo, y si a un solo individuo tienden a fracasar, ya que nadie es una isla, apartada del resto de la gente. Por ende si la gente fracasa, el individuo también lo hará tarde o temprano. La mejor elección es la accion.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La Ilusión del Trabajo, Esclavos del Sistema por Rocko


Me siento abrumado por la desesperanza y de la monotonía del día a día. Especialmente de Lunes a Viernes. Lo único maravilloso es llegar al hogar después de una asquerosa jornada de trabajo.

Por mi profesión, tuve que buscar trabajo en el “gran Santiago” (Santiasco como le dicen muchos amigos). En un comienzo arrendé un departamento cerca del trabajo y a pesar de vivir con amigos, extrañaba mis tierras de provincia, a mi familia y a mi mujer.

Caminar por estas calles atestadas de gente, con el rugir de los motores, con este aire viciado y vibraciones bajas, hacen que poco a poco empieces a sentirte ahogado. No duré más de 4 meses y comencé a viajar todos los días desde provincia a Santiago, todo para estar con mi mujer y con mi gente más cercana. Es cansador pero vale la pena.

Hay cosas que no entiendo, trato pero no puedo entender. Hay algo dentro de mí que se está revolucionando y hace que vea las cosas desde otro punto de vista.

Desde niños se nos enseña que debemos estudiar y estudiar para ser independientes. ¿Independientes? Que gracioso. Yo estudié, me titulé, y me doy cuenta que no soy independiente. De hecho, nadie de nosotros es independiente ya que inconscientemente somos dependientes de todo, somos dependientes del sistema. La independencia y la libertad son una ilusión y ahora me doy cuenta de aquello.

Cuando salgo del trabajo y me dirijo a tomar el metro, la gente camina a paso rápido y miles de personas bajan diariamente las escaleras para tomarlo. Al parecer, la gente está acostumbrada a aquello. ¡El metro parece una verdadera lata de sardina!, todos apiñados empujándose para entrar. Muchas veces tengo que dejar pasar hasta 5 trenes porque vienen todos llenos, hasta que me decido y entro al sexto empujando a la gente y cayendo en el jueguito del tira y afloja, a codazos. ¡Es atroz!

Parece que la gente reclama al gobierno, pero después se les olvida reclamar y después se acostumbran al desajuste, a la improvisación, a la mala calidad de vida en pro de la urbanización.

Imagino que como la mayoría del trabajo está en Santiago y que año a año llegan más profesionales a la gran capital y que día a día nacen más niños y año tras año van más pingüinos (escolares) al colegio, esta cosa muy pronto va a colapsar.

! Centralización! que estupidez. Las provincias están quedando sin trabajo y los padres tienen que viajar enormes distancias a las grandes urbes para traer el sustento al hogar quebrando así a la familia.

Un día comprendí que todo estaba mal. ¿Por qué tengo que trabajar tanto?

Imaginé mi vida en una hoja, en una línea de tiempo. Lunes a viernes levantándome a las 5 am para entrar a las 8:00 am y para salir a las 18:00 hrs y llegar con suerte al hogar a las 21 hrs. Cansado y con sueño. Me imagine de viejo, “mi vida se la entregué a otros”, a una corporación, a una empresa, que me estrujó lo más que pudo hasta quedar inservible. ¿Todo por dinero?

No solo me di cuenta de eso, sino que también descubrí que éste sistema Capitalista absorbe toda la energía de las personas. Son verdaderas sanguijuelas y vampiros corporativos. Te ofrecen créditos incluso sabiendo de que no puedes pagar. Crean una ilusión de que lo tienes todo y hacen que las personas se apiñen en ciudades haciéndote dependiente de supermercados, del agua, de suministros energéticos. ¿Qué pasará cuando ocurra una crisis y corten los suministros? Por lo menos en el campo tenías como obtener tu propia cosecha.

Depositan los sueldos en líneas de crédito las cuales recortan dinero por seguros, por mantención de tarjeta y cuanta tontera se les ocurre. Muchas veces, la gente trabaja para cubrir sus líneas de sobregiro y viven para pagar el llamado “pago mínimo”. Nos convertimos así en ESCLAVOS DE LA DEUDA. Lo chistoso de todo esto, es que hay gente que defiende el actual sistema.

Los niños!! Estamos creando a unos monstruos de niños!

Pasan casi todo el día solos pegados en el televisor aprendiendo basura. Yo recuerdo que cuando niño jugaba a lo Robin Hood al lado de un cerro que tenía un enorme bosque, era divertido. Pero ya no hay tiempo para compartir con nuestros hijos ¿Por qué? Por el maldito trabajo!!

Ellos nos exigen compartir con ellos y nosotros por lo general estamos cansados o de mal ánimo.

Antes yo recuerdo que podía viajar por todo Chile de paseo familiar y bastaba solo tomar el auto y poner bencina. ¿Pero ahora? Llenaron de peajes todos los caminos, bloquearon las entradas a casi todas las ciudades para pagar un peaje que cae en inversionistas extranjeros.

El país amigos míos lo están vendiendo de a poco!!

El agua potable no nos pertenece ya que pertenece a inversionistas españoles. Ellos tienen el control de la luz y el agua (es un monopolio). Tenemos que importar gas porque con todos los medios que tenemos en chile, no se les ocurre colocar plantas acá termoeléctricas, o solares, o sacar provecho de la energía eólica o la del mar (por medio de las olas).

Es tan patético todo, en Bolivia querían privatizar el agua de la lluvia (eso quería decir que no podías juntar agua de lluvia porque esa agua no era tuya)à mira que estupidez más grande!

Menos mal que nuestros hermanos Bolivianos protestaron y no permitieron esto.

En estos momentos yo mismo me siento esclavo del sistema, porque sin querer, tengo que trabajar para mantener a la familia, para pagar la luz, el agua, el gas, el alimento, etc. Sin trabajo no puedo a menos que me haga independiente por lo cual estoy luchando.

Quizás sería bueno que toda esta economía se fuera abajo y comenzar de cero como en la antigüedad, con el trueque y todo eso. Y tener todos nosotros nuestras cosechas, animales para alimentarnos y que la tecnología fuera renovable como generar luz con paneles, pero todo eso es una utopía, porque las grandes corporaciones cada vez nos estrujan más.

Nosotros la clase media somos mayoría y podemos generar un cambio y los de arriba lo saben y nos temen. Lamentablemente no somos para nada unidos.

Favorablemente el capitalismo actual, está convirtiéndose en una burbuja a punto de estallar y se viene una nueva crisis económica a final de año.

Ahora se viene la super influenza humana recargada (terrorismo yanqui) sobre el país del norte para este invierno. Ya están asustando a la gente para que compre la supuesta vacuna que tiene la cura. Por dios! Mi suegra tuvo AH1N1 y no fue más fuerte que una gripe. La gente que ha muerto, ha muerto por derivaciones de otras enfermedades como asma y enfermedades pulmonares.

Pero la gente tiene tanto miedo, que corre a vacunarse y ni siquiera saben que se están inyectando. Les recomiendo que investiguen sobre la gripe española que mató a más de 50 millones de personas y que la causa fue la vacunación masiva de personas (lean de esto, es importante).

Les recomiendo amigos,. NO SE VACUNEN.

Gracias a Dios, la gente está comenzando a despertar a pesar de que nos inyecten toxinas y nos mantengan adormecidos. Mucha gente se está dando cuenta de que algo raro pasa.

Amigos, tenemos un potencial enorme. Busquen en su interior y liberense de lo que los oprime. Esta libertad es una libertad falsa.

Les dejo un video sumamente poderoso.



Fuente

sábado, 31 de octubre de 2009

Alegoría de la caverna - Platón


Se trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de La República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con cuatro tipos de conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón.

Platón describió en su alegoría de la caverna una vivienda cavernosa, en la cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Estos hombres encadenados no pueden considerar otra cosa verdadera que las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados en tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.

Continúa la narración contando cómo uno de estos hombres es liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es propio", metáfora que encarna la idea de Bien.

La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para que retome su lugar en ella y dando cuenta de cómo se reirían de él sus antiguos compañeros por su ascensión hacia el conocimiento. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva.

La situación en la que se encuentran los prisioneros de la caverna representa el estado en el que permanecen los seres humanos ajenos al conocimiento; únicamente aquellos capaces de superar el dolor que supondría liberarse de las cadenas y volver a mover sus entumecidos músculos, podrán contemplar el mundo de las ideas con sus infrautilizados ojos.

Una interpretación podría darse como el hombre que está atado y logra librarse. Sale de la caverna al mundo y ve la realidad de las cosas. El hombre vuelve para contarle a los hombres que están encadenados que las imágenes que ellos ven en la pared no son en realidad lo que creen ver, y los invita a salir y los guía. Pero sucede que muchos de ellos no quieren salir, se asustan y vuelven a donde estaban encadenados y muchos se ciegan con la luz del exterior y no les gusta lo que ven, porque rompe con todo lo que han creído siempre, así que vuelven a la caverna.

domingo, 4 de octubre de 2009

The U.S. vs. John Lennon - Documental sobre uno de los más grandes pacifistas del mundo



Antes de Iraq, antes de la Administración Bush, antes de las Dixie Chicks, Bruce Springsteen, y Pearl Jam … estaba John Lennon, el célebre músico que usó la fama y su fortuna para protestar contra la Guerra de Vietnam y a favor de la paz en el mundo. En este nuevo documental de Lionsgate y VH1, THE U.S. VS. JOHN LENNON, los realizadores David Leaf y John Scheinfeld resiguen la metamorfosis de Lennon desde el encantador "moptop" que integraba Los Beatles, pasando por el activista antibélico, hasta llegar a ser icono inspirador, mientras revelan la auténtica historia acerca de cómo y por qué el gobierno de los EE.UU. trató de silenciarle.

"No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras." Lennon




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Human all Too Human - Documental de Friedrich Nietzsche por la BBC




IRRESPONSABILIDAD E INOCENCIA. La irresponsabilidad total del hombre respecto de sus actos y a su ser es la gota más amarga que ha de tragar el hombre del conocimiento, una vez habituado a considerar que la responsabilidad y el dolor son los títulos de nobleza de la humanidad. Todas sus valoraciones, atracciones y aversiones se convierten por ello en algo falso y carente de valor: su sentimiento más hondo, el que le acercaba al mártir y al héroe, ha adquirido a causa de eso el valor de un error; ya no tiene derecho alabar ni a censurar, pues no tiene sentido alabar ni censurar a la naturaleza y a la necesidad. Ante los actos propios y ajenos debe proceder como cuando le gusta una obra bella pero no la alaba, porque ésta no puede hacer nada por sí misma, o como cuando se encuentra delante de una planta. Puede admirar su fuerza, su belleza, su plenitud, pero no le es lícito atribuirles mérito: el fenómeno químico, la lucha de los elementos o los tormentos de quien ansia curarse tienen tanto mérito como esas luchas y angustias del alma en las que nos sentimos atenazados por diversos motivos y en diferentes sentidos, hasta que al final nos decidimos por el más poderoso (como suele decirse, aunque en realidad habría que decir: hasta que el más poderoso decide por nosotros). Pero por elevados que sean los nombres que demos a esos motivos, proceden de las mismas raíces en las que creemos que se encuentran los malignos venenos: entre los actos buenos y los actos malos no hay una diferencia de especie, sino a lo sumo de grado. Los actos buenos son la sublimación de actos malos; y los actos malos son actos buenos, pero realizados de una forma tosca y estúpida. Cualquiera que sea el modo como puede obrar el hombre, es decir, como debe hacerlo, éste no desea más que autocomplacerse (unido esto al miedo que tiene a la frustración), ya sea mediante actos de vanidad, venganza, concupiscencia, interés, maldad o perfidia; o mediante actos de sacrificio, de compasión, de entendimiento. Los grados de raciocinio determinarán la dirección en la que cada cual se dejará llevar por este deseo; toda sociedad y todo individuo tienen siempre presente una jerarquía de bienes, por la cual deciden sus actos y juzgan los ajenos. Sin embargo esta escala de medida está cambiando continuamente; se llama malos a muchos actos que sólo son estúpidos porque el nivel de inteligencia de quién decidió realizarlos era muy bajo. Más aún, en cierto sentido, todos los actos son todavía hoy estúpidos, porque será sin duda superado el nivel más elevado que ha podido alcanzar la inteligencia humana: cuando entonces se mire hacia atrás, todos nuestros actos y juicios resultarán tan limitados e irreflexivos como nos parecen hoy los de los pueblos salvajes y atrasados. Puede que la toma de conciencia de todo esto produzca un hondo dolor, pero existe un consuelo: estos sufrimientos son dolores de parto. La mariposa quiere romper su envoltura, despedazándola y desgarrándola; entonces se siente cegada y embriagada por esa luz desconocida que es el reino de la libertad. El primer ensayo para saber si la humanidad, que es moral, puede convertirse en sabia, se hace con hombre que son capaces de soportar esta tristeza (¡y que serán muy pocos!). el sol de un nuevo evangelio lanza su primer rayo sobre las cimas más altas de las almas de esos solitarios; allí se acumulan nubes más densas que en ninguna otra parte, y reinan a un tiempo la claridad más pura y el crepúsculo más sombrío. Todo es necesidad, dice el nuevo saber, y el conocimiento es el camino que conduce a esa inocencia. Si la voluptuosidad, el egoísmo y la vanidad son necesarios para la producción de los fenómenos morales y para que alcancen su más elevada floración, el sentido de la verdad y de la justicia del conocimiento: si el error, el extravío de la imaginación ha sido el único medio por el que ha podido ir elevándose paulatinamente la humanidad hasta este grado de claridad y de autoliberación. ¿quién iría a entristecerse al divisar la meta adonde llevan estos caminos? Es cierto que en el terreno de la moral todo se modifica y cambia, que es incierto y está en constante fluctuación, pero también es verdad que todo fluye y que se dirige a un único fina. Aunque siga actuando en nosotros el hábito hereditario de juzgar, amar y odiar erróneamente, cada vez se irá debitando más por el creciente influjo del conocimiento: en este mismo terreno nuestro se va implantando insensiblemente un nuevo hábito: el de comprender, el de no amar ni odiar, el de ver desde lo alto, y dentro de miles de años será tal vez lo bastante poderoso para dar a la humanidad la fuerza de producir al hombre sabio, inocente (consciente de su inocencia), de un modo tan regular como hoy produce al hombre necio, injusto, que se siente culpable, es decir, su antecedente necesario, no lo opuesto a aquél.


"Derechos iguales para todos: he ahí la más maravillosa injusticia, pues son precisamente los hombres superiores las únicas víctimas de ese régimen." Nietzsche

"Donde comienza el Estado, allí termina el hombre." Nietzsche

"El hombre, en su orgullo, creó a dios a su imagen y semejanza." Nietzsche

"En el verdadero amor, el alma oculta al cuerpo." Nietzsche

"Entre los particulares la locura es poco frecuente, entre los grupos, partidos, pueblos y épocas, la regla." Nietzsche

"Fe: Significa no querer saber la verdad." Nietzsche

"La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad." Nietzsche

"La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre." Nietzsche

Moral de señores y moral de esclavos

Nietzsche piensa que hay dos clases de hombres: los señores y los esclavos, que han dado distinto sentido a la moral. Para los señores, el binomio «bien-mal» equivale a «noble-despreciable». Desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, todo lo que es débil y disminuye el impulso vital. Aprecian como bueno, en cambio, todo lo superior y altivo, fuerte y dominador. La moral de los señores se basa en la fe en sí mismos, el orgullo propio.

Por el contrario, la moral de los esclavos nace de los oprimidos y débiles, y comienza por condenar los valores y las cualidades de los poderosos. Una vez denigrado el poderío, el dominio, la gloria de los señores, el esclavo procede a decretar como «buenas» las cualidades de los débiles: la compasión, el servicio —propios del cristianismo—, la paciencia, la humildad. Los esclavos inventan una moral que haga más llevadera su condición de esclavos. Como tienen que obedecer a los señores, los esclavos dicen que la obediencia es buena y que el orgullo es malo. Como los esclavos son débiles promueven valores como la mansedumbre y la misericordia. Critican el egoísmo y la fuerza.

Enfoque Etimológico a la Interpretación de la Moral

La crítica de Nietzsche a la moral tradicional se centraba en la tipología de moral de «amo» y de «esclavo» y en la descripción de la dinámica que generan; esta dinámica o dialéctica debe ser conocida por los «espíritus libres» para conducir a la humanidad a su superación: una sucesión de continuas superaciones — la moral deja de ser algo cerrado para ser visto como una dinámica de morales yuxtapuestas y reconocibles en la dinámica de las lenguas. Examinando la etimología de las palabra alemanas gut («bueno»), schlecht («malo») y böse («malvado»), Nietzsche sostuvo que la distinción entre el bien y el mal fue originalmente descriptiva, o sea, una referencia amoral a aquéllos que eran privilegiados (los amos), en contraste con los que eran inferiores (los esclavos). El contraste bueno/malvado surge cuando los esclavos se vengan convirtiendo los atributos de la supremacía en vicios. Si los favorecidos (los «buenos») eran poderosos, se decía que los sumisos heredarían la Tierra. El orgullo se volvió pecado. Caridad, humildad y obediencia reemplazaron competencia, orgullo y autonomía. Clave para el triunfo de la moral de esclavo fue su presunción de ser la única verdadera moral. La insistencia en la absolutidad (Absolutheit) es esencial tanto en la ética religiosa como filosófica. Aunque Nietzsche dio una genealogía de la moral de esclavo y de amo, siempre sostuvo que esta genealogía era una tipología ahistórica de rasgos en toda persona.