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miércoles, 20 de enero de 2010

El modelo de propaganda de Noam Chomsky: medios mainstream y control del pensamiento - por Pineda

Resumen

El objetivo de este trabajo es ofrecer una panorámica del modelo de propaganda desarrollado por el lingüista y activista político norteamericano Noam Chomsky, con especial incidencia en el análisis realizado por Chomsky y Edward Herman en «Los guardianes de la libertad». Recorreremos el mecanismo institucional, la estructura operativa de los medios, los efectos y los presupuestos ideológicos de los que parte el modelo, destacando las aportaciones del modelo chomskyano para el estudio del funcionamiento propagandístico del sistema de medios de comunicación.

Introducción

Está aún por escribirse una historia del periodismo como género propagandístico. Aunque los manuales de Historia de la Comunicación Social suelen dedicar algún que otro capítulo a la instrumentalización publicitaria de la prensa en el periodo que va desde el inicio de la primera guerra mundial hasta el final de la segunda, y a pesar de que textos como la Historia de la propaganda de Pizarroso (1993) pueden leerse como una historia del periodismo (y de los medios de comunicación en general), las Ciencias de la Información precisan todavía de una lectura propagandística del periodismo que trascienda las aproximaciones empírico-descriptivas. Una lectura analítica que medios mainstream y control del pensamiento abstraiga, merced al estudio comparado, los mecanismos operativos esenciales mediante los cuales la prensa (que nació como un medio de vincular la razón intersubjetiva de la Ilustración a través de la opinión pública) aparezca a la luz de su inmersión plena en un fenómeno que ha condicionado toda la historia de la comunicación (especialmente, en el ámbito político): la lucha por el poder, que conforma, desde Maquiavelo y Hobbes, la práctica de nuestros estados modernos (1).

Este trabajo quiere centrarse en uno de los capítulos de esa historia propagandística del periodismo: el modelo de propaganda esbozado por Noam Chomsky y Edward S. Herman en Manufacturing Consent. The Political Economy of the Mass Media. Este texto es la pieza angular de los análisis propagandísticos que Chomsky desarrollaría ulteriormente (en solitario o con otros colaboradores), sobre todo durante los años 80 y principios de los 90. Manufacturing Consent (Los guardianes de la libertad, en la edición española con la que trabajamos) cubre sobre todo el funcionamiento de los grandes medios estadounidenses, como el New York Times o el Washington Post; no obstante, este trabajo estaría incompleto sin referencias a otros trabajos de Chomsky sobre el fenómeno propagandístico (2), como el imprescindible “Ilusiones necesarias. Control del pensamiento en las sociedades democráticas” o las decenas de entrevistas y artículos donde el lingüista norteamericano ha desvelado distintos aspectos de su visión del fenómeno propagandístico (3).

Un mundo filtrado

Para empezar, es necesario apuntar que el modelo de propaganda esbozado en Los guardianes de la libertad (que data de 1988) se centra en el funcionamiento de los medios de comunicación (básicamente, en el ámbito estadounidense, que es el estudiado por los autores) (4), y no en sus efectos. Un funcionamiento que, no obstante, genera necesariamente un producto comunicativo y una cultura determinada (que, esta vez sí, tendrá influencia sobre el público, más allá del mecanismo de control informativo del que parten), y que es apuntado en el primer párrafo del epígrafe “Un modelo de propaganda”:

Los medios de comunicación de masas actúan como sistema de transmisión de mensajes y símbolos para el ciudadano medio. Su función es la de divertir, entretener e informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad. En un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal papel requiere una propaganda sistemática (Chomsky y Herman, 1990: 21).

El punto de partida es, pues, análogo al de casi todos los textos de Chomsky sobre política y medios de comunicación: la generación de propaganda por las elites corporativas y gubernamentales que constituyen un gobierno mundial de facto. No obstante, tal propaganda viaja a través del constructo informativo y simbólico de los medios de masas y conlleva consecuencias axiológicas, sociales, ideológicas y pragmáticas muy claras. Dicho de otro modo, los medios cultivan una atmósfera de signos y mensajes masivos que inciden en la cosmovisión de los sujetos; en realidad, una noción que implica connotaciones propagandísticas si la inscribimos en la vieja línea de pensamiento que considera los sistemas de información occidentales (que comenzaron a formarse en la segunda mitad del siglo XIX, con las agencias internacionales de noticias bajo control estatal) como un medio novedoso de control de la opinión pública (o control del pensamiento, diría Chomsky).

La premisa básica es que la información (a saber, su control, selección y emisión) es, más que nunca, poder. En las democracias capitalistas contemporáneas, la alianza del poder político y el poder económico desliza propaganda de modo más subrepticio que en regímenes totalitarios o dictatoriales; la pantalla de dicha propaganda radica en la “libertad” informativa y la “independencia” mediática. Tras las cortinas democráticas, la operativa generalizada de los medios de comunicación más importantes se basa en cinco “filtros”, según Chomsky y Herman, que discriminan la información publicable y la que no lo es (discriminan, así, el interés público). Vamos a verlos uno a uno:

1. El primer filtro radica en la “magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación”; es decir, la configuración empresarial del mercado de los medios. Como consecuencia de la reciente fe neoliberal en el “mecanismo del mercado”, más las desregulaciones y privatizaciones del mundo

de la comunicación, el panorama mediático se configura como un ámbito oligopolístico, basado en enormes concentraciones empresariales. El texto de Chomsky y Herman es de 1988; Los medios globales, otro trabajo de Herman en colaboración con Robert McChesney (cfr. 1999), nos muestra el incrementado e imparable proceso de concentración mediática en los años 90, donde apenas diez macroempresas de comunicación controlan el panorama de los medios globales.

En cualquier caso, esto supone una barrera de entrada muy potente: los medios con escaso poder financiero son barridos o ignorados, y hoy hay que hablar de billones de dólares para poder entrar en el juego de la “libertad” informativa (cfr. Herman y McChesney, 1999). Podemos hacernos una idea de la naturaleza de los mensajes generados por estas estructuras, hijas de la globalización neoliberal: básicamente, contenidos proclives a retroalimentar la ideología que les da cobijo, y orientados totalmente hacia el mercado, hacia la rentabilidad, hacia los beneficios. Aparte de los gigantes mediáticos, Chomsky y Herman registran otros elementos de esta configuración institucional como el gobierno, los grupos de presión, los nexos de las empresas mediáticas con otras industrias y poderes financieros, etc.

2. El segundo filtro se basa en el “beneplácito de la publicidad”. Desde el siglo XIX, la publicidad es el determinante por antonomasia de la rentabilidad económica de los periódicos; un hecho que podemos comprobar, un siglo después, trasladado a la saturación publicitaria de la televisión (donde muchos programas, como determinadas teleseries, se hacen para la publicidad). Así exponen Chomsky y Herman esta dictadura secreta del imperativo comercial:

“Con anterioridad al auge de la publicidad, el precio de un periódico debía cubrir todos los costes. Con el crecimiento de ésta, los periódicos que atraían anuncios podían permitirse un precio por ejemplar muy por debajo de los costes de producción. Ello representó una seria desventaja para los periódicos que carecían de anuncios: sus precios tendían a aumentar, reduciendo sus ventas y dejándoles un menor superávit para invertir y mejorar sus posibilidades de promoción (...). Por esta razón, un sistema basado en la publicidad llevaba a la disolución o a la marginación de las empresas y los géneros de comunicación que dependían exclusivamente de los beneficios obtenidos por las ventas. Con la publicidad, el mercado libre no ofrece un sistema neutral en el que finalmente decide el comprador. Las elecciones de los anunciantes son las que influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios” (Chomsky y Herman, 1990: 43).

La publicidad, además de constituir un modo indirecto de censura, ha provocado la obsesión por las audiencias, que tan nefastos resultados culturales genera en la televisión actual. Chomsky y Herman se centran más en la discriminación de la “calidad” de la audiencia, con unos anunciantes a la caza de públicos adinerados, lo cual no tiene mejores resultados democráticos que lo anterior: “La idea de que la consecución de grandes audiencias hace que los medios de comunicación sean «democráticos» sufre así una debilidad inicial, ¡cuyo equivalente político sería un sistema de voto ponderado por la renta!” (1990: 46). Lógicamente, el campo de discusiones y temas, la cultura resultante se caracterizará por “cuestiones secundarias o poco comprometidas” (Chomsky y Herman, 1990: 47), además de, podríamos decir, el reino del entretenimiento fácil y de todo aquello que sea comercial, vendible, alejado de profundidades abstrusas y visiones críticas molestas. Los anunciantes, en consecuencia, suelen apoyar programas que concuerden ideológicamente con ellos (a saber, contenidos que no osen poner en tela de juicio la ideología corporativa dominante): “Las grandes empresas que se anuncian en la televisión”, dicen los autores, “raramente patrocinarán programas que aborden serias críticas a las actividades empresariales” (Chomsky y Herman, 1990: 48). En Ilusiones necesarias, Chomsky cita al Economist londinense, el cual destaca que las “estaciones” y los “canales” han aprendido a llevarse bien con “las simpatías más delicadas de las grandes empresas” (en 1992a: 18). Simplemente: si alguna información (especialmente antiempresarial) agrede a los anunciantes, la información desaparece.

3. El tercer filtro se basa en el suministro de noticias a los medios de comunicación. Básicamente, el modelo de propaganda funciona mediante la información generada por el gobierno, las administraciones públicas, las instituciones burocráticas y las corporaciones (de hecho, la clase empresarial es la única que puede producir información y propaganda al mismo nivel que el estado, y se plasma en sus enormes inversiones en publicidad política y relaciones públicas) (5). La información que reciben los periodistas está cuidadosamente preparada por las burocracias o las empresas, con el fin de “facilitarles” el trabajo, sin contar con las frecuentes subvenciones económicas que reciben los medios. Resultado: información frecuentemente acrítica, y lógicamente al servicio de su fuente primaria. Así, a través de la manipulación de los medios se manipula a los públicos y la información “independiente” que éstos reciben. Propaganda en su estado puro, como propagandística es la financiación de “expertos” que se pronuncian sobre diversos temas. Chomsky y Herman describen a estos “expertos” como intelectuales a sueldo que justifiquen los intereses de las elites y, entre otras cosas, abonen el campo para la credibilidad y penetración de la ideología corporativa:

De acuerdo con esta fórmula, durante los años setenta y a principios de los ochenta se creó una retahíla de instituciones y se reactivaron las ya existentes con el fin de dar publicidad a los puntos de vista empresariales. Varios cientos de intelectuales fueron captados por estas instituciones, que financiaron sus trabajos y diseminaron su producción entre los medios de comunicación mediante un sofisticado esfuerzo propagandístico. La financiación empresarial y la clara finalidad ideológica de este esfuerzo no ha tenido un efecto perceptible sobre la credibilidad de estos intelectuales, sino que, por el contrario, la financiación y la promoción de sus ideas les ha catapultado a la prensa (Chomsky y Herman, 1990: 59-60).

Además de los intelectuales “expertos” están los “expertos” mediáticos promocionados por las propias empresas de comunicación (una clase de líder de opinión críticamente retratado por Guy Debord en sus “Comentarios a la sociedad del espectáculo”), o los antiguos radicales políticos reconvertidos al credo neocapitalista, toda vez han llegado a “ver la luz”, como dicen los autores. De hecho, y a manera de ejemplo ilustrativo, el periodista Luis Ignacio López ha subrayado que la revolución neoconservadora de Reagan fue teorizada por pensadores ex comunistas (cfr. López, 1988: 52-54)

4. El cuarto filtro bascula sobre las críticas a los contenidos de los medios de comunicación; un número heterogéneo de respuestas negativas que son orquestadas por las elites gubernamentales y económicas para acallar cualquier información o emisión que suponga un atentado contra sus intereses. Los autores citan en Los guardianes de la libertad determinadas instituciones norteamericanas dedicadas a velar porque los medios ofrezcan una imagen correcta del mundo empresarial; no por casualidad, tales instituciones están organizadas por la gran empresa.

5. El quinto filtro se basa en el anticomunismo como mecanismo de control ideológico. Quizá está ya obsoleto tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, pero su operativa (típicamente propagandística, y centrada en la “regla de la simplificación y del enemigo único” de la que habló Domenach hace ya medio siglo: ellos contra nosotros –cfr. Domenach, 1986-) (6) puede extrapolarse fácilmente a casos como el de la guerra del Golfo, mientras que los resabios ideológicos del anticomunismo (básicamente, un escudo para los intereses de los ricos) prosigue en los medios, promocionando el individualismo proempresarial (desde la prensa de derechas a algunas series juveniles de televisión, por citar medios españoles) y el ataque sin cuartel al estado del bienestar (7).

Mainstream media, o la estructura del poder

Como puede esperarse, estos cinco “filtros” reducen notablemente lo que puede transformarse en noticia: las informaciones provenientes de la administración o las grandes corporaciones suelen sortearlos fácilmente, mientras se quedan en el camino las informaciones y opiniones disidentes. Sí pueden darse situaciones de debate alrededor de temas donde la elite presente opiniones divididas, pero siempre dentro de lo que Chomsky ha conceptualizado en Ilusiones necesarias como “límites de lo expresable” (1992a); es decir, límites institucionales del discurso, que focalizan, en la tradición teórica de la agenda setting, los puntos de interés social (en función, esta vez, del interés de los poderosos), de forma que los medios de comunicación estadounidenses no funcionan a la manera del sistema de propaganda de un estado totalitario. Por el contrario, permiten -e incluso fomentan- enérgicos debates, críticas y disidencias, en tanto permanezcan fielmente dentro del sistema de presupuestos y principios que constituyen el consenso de la elite, un sistema tan poderoso que puede ser interiorizado en su mayor parte, sin tener conciencia de ello (Chomsky y Herman, 1990: 348).

La cita anterior conecta el modelo de propaganda de Chomsky con la fértil escuela crítica sobre los medios; por ejemplo, la amarga visión que de la libertad humana nos dan Horkheimer y Adorno en su artículo seminal sobre “La industria cultural”: una sociedad de “desesperados” que ha introyectado los parámetros del sistema que los oprime hasta el punto de creer que pueden elegir (cfr. Horkheimer y Adorno, 1998: 165-212). Chomsky no va tan lejos, pero coincide con los frankfurtianos en la unidireccionalidad y unilateralidad resultantes de las campañas propagandísticas que pueden ser iniciadas por el gobierno o por los propios medios, y que rápidamente se expanden por los canales de comunicación social. Los propios periodistas, en el modelo de Chomsky y Herman, introyectan los valores, y pervive así la ilusión (necesaria) de la “libertad de prensa”. “El resultado es un poderoso sistema de conformidad inducida ante las necesidades de los privilegios y del poder” (Chomsky y Herman, 1990: 353).

El establecimiento de los límites pautados del debate mediático e intelectual es, en esta línea, la técnica más eficiente para cercenar propagandísticamente todo intento de actuar contra el poder económico-estatal y para generar esas “ilusiones necesarias”, en expresión de Reinhold Niebuhr, que mantienen el espejismo de la democracia. Los “límites de lo expresable” son el mecanismo más eficaz para el control del pensamiento, y son descritos pormenorizadamente por Chomsky en “Ilusiones necesarias” (8). Su funcionamiento se basa en la siguiente premisa: los medios de comunicación fijan un debate público que excluye sistemáticamente todo lo que se salga del consenso institucional de las elites; por ejemplo, excluyen todo cuestionamiento de las intenciones “democráticas” estadounidenses. Puede discutirse si la acción X ha sido llevada a cabo con mayor o menor acierto, pero nunca se pondrá en tela de juicio la bondad de la acción X. Más sutil que un sistema de censura totalitaria, este aparato doctrinal-propagandístico persigue ante todo la aquiescencia irracional a las políticas del poder, en el marco de un espectro ideológico limitado “por el consenso de las elites poderosas”, al tiempo que se fomenta “un debate táctico en su interior” (1992a: 79).

Lógicamente, estas fronteras al debate abierto (cuya consecuencia extrema bien puede ser la perversión de la “libertad de prensa”) son más eficientes en las democracias, donde, como ha apuntado Chomsky en alguna ocasión, la propaganda es tan necesaria como el garrote a las dictaduras, pues no se puede silenciar el debate, y de hecho, en un sistema de propaganda que funcione adecuadamente, no debería silenciarse, puesto que si queda constreñido a unos límites adecuados tiene una naturaleza que sirve para reforzar al sistema. Lo que resulta esencial es establecer los límites con firmeza. La controversia puede imperar siempre que se adhiera a los presupuestos que definen el consenso de las elites, y, lo que es más, debería fomentarse dentro de estos límites, colaborando así al establecimiento de estas doctrinas como la condición misma del pensamiento pensable y reforzando al mismo tiempo la creencia de que reina la libertad (Chomsky, 1992a: 65).

La estructura institucional de los medios y la estipulación de límites del discurso no son los únicos mecanismos de propaganda en la visión chomskyana, pero sí son absolutamente determinantes. Existen otros vectores, como el “patriotismo” o la mera obediencia, que conducen a una aceptación acrítica de la ideología dominante. También pueden añadirse ciertos elementos formales de la comunicación de masas, como la cualidad fragmentaria de la televisión, que anula todo análisis profundo. Así lo ven los autores:

“La estructura técnica de los medios de comunicación prácticamente exige la adhesión a los pensamientos convencionales, no otra cosa puede expresarse entre dos anuncios, o en setecientas palabras, sin la apariencia de absurdidad que resulta difícil de evitar cuando se desafían las doctrinas familiares sin oportunidad de desarrollar los hechos o los razonamientos” (Chomsky y Herman, 1990: 353).

De este modo, es la propia estructura discursiva y técnica (contenidos controlados y banales a través de formatos que imposibilitan el análisis racional) lo que condiciona la “libertad” de unos medios de comunicación entregados, más que nunca, a manufacturar el consenso.

En resumen, los medios de comunicación de masas de los Estados Unidos son instituciones ideológicas efectivas y poderosas, que llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la autocensura, y sin una coerción abierta significativa. Este sistema de propaganda se ha ido haciendo cada vez más eficiente en las décadas recientes, con el desarrollo de las redes nacionales de televisión, la mayor concentración de los medios de comunicación de masas, las presiones de la derecha en la radio y televisión públicas, y el crecimiento en el alcance y sofisticación de las relaciones públicas y el tratamiento de noticias (Chomsky y Herman, 1990: 353).

La cuestión de la estructura de los medios y sus relaciones con el poder y el control de la opinión ha quedado dilucidada por Chomsky en el artículo “What Makes Mainstream Media Mainstream” (1997), donde el lingüista norteamericano fija las bases científicas de su aproximación al estudio de los medios de comunicación, así como el objetivo de la misma:

“Trying to study carefully just what the media product is and whether it conforms to obvious assumptions about the nature and structure of the media” (1997: 1). De entrada, Chomsky distingue dos tipos básicos de medios de comunicación en función de sus audiencias: medios de masas (como las películas de entretenimiento, las teleseries o la mayoría de los periódicos) y medios mainstream (9). Los segundos son el objetivo principal del modelo chomskyano, y se describen así:

“There is another sector of the media, the elite media, sometimes called the agenda-setting media because they are the ones with the big resources, they set the framework in which everyone else operates. The New York Times and CBS, that kind of thing. Their audience is mostly privileged people. The people who read the New York Times –people who are wealthy or part of what is sometimes called the political class- they are actually involved in the political system in an ongoing fashion. They are basically managers of one sort or another. They can be political managers, business managers (like corporate executives or that sort of thing), doctoral managers (like university professors), or other journalists who are involved in organizing the way people think and look at things” (Chomsky, 1997: 2).

Las consecuencias son evidentes. Esta estructura mediática, aparte de estar en la base de la teoría de la agenda setting, incardina directamente los periódicos y televisiones mainstream en los centros de poder político, económico, académico y comunicacional (son el mismo tipo de medios que establecen los cinco filtros vistos anteriormente). Sus contenidos suponen la materia prima de otros medios de menor envergadura, y sus públicos son gente de alto nivel, ubicada en las estructuras de poder; gente que, mientras los medios de masas divierten a la mayoría de la población, dictan lo que debe hacerse (“run the show”, dice Chomsky).

Esta es la primera evidencia propagandística que podemos extraer; la segunda es de tipo institucional: los medios mainstream están ligados a estructuras de poder económico y corporaciones de enorme envergadura, e interactúan con otros centros de poder, como los gobiernos, las universidades u otras corporaciones. Todo ello supone un “sistema doctrinal” que implica, de hecho, la introyección ideológica de las necesidades del poder político-corporativo y la eliminación del pensamiento disidente: la gente que trabaja en los centros intelectuales y mediáticos acaba aceptando e incluso creyendo los parámetros doctrinales: “It is kind of a filtering device which ends up with people who really honestly (they aren´t lying) internalize the framework of belief and attitudes of the surrounding power system in the society” (Chomsky, 1997: 2); un sistema de socialización donde no existe presión explícita interna: es, simplemente, un reflejo de la estructura sistémica. Lo que venden estos medios mainstream, dice Chomsky, son audiencias; el mercado al que se venden son los anunciantes. Las audiencias de los medios mainstream son la gente que toma las decisiones en la sociedad, el mundo de los negocios, etc., con lo que tenemos corporaciones (los medios) vendiéndole audiencias adineradas a otras corporaciones (los anunciantes). Un contexto que, como puede esperarse, se basa simplemente en que hay cosas que no entran en la discusión (los “límites de lo expresable”), cosas sobre las que los que trabajan en dicha industria no pueden siquiera pensar.

Acaso el hecho más inquietante de esta configuración periodística sea que ya no es preciso ningún Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda ni ningún decreto napoleónico para cercenar la prensa disidente: los propios medios, en “democracia”, introyectan el hecho de que hay temas prohibidos. Al respecto, Chomsky ha citado en alguna ocasión unas reflexiones de George Orwell sobre la censura literaria en Inglaterra, referidas a que en las sociedades más libres, los controles del estado rara vez se ejercen directamente. “El aspecto más siniestro de la censura literaria en Inglaterra –escribió George Orwell- es que es en gran parte voluntaria. Las ideas impopulares pueden silenciarse, y los hechos inconvenientes mantenerse en la oscuridad, pero sin ninguna necesidad de una prohibición oficial”. El resultado apetecido se consigue, en parte, gracias al “acuerdo tácito general en que ``no hay´´ que mencionar este hecho concreto” y, en parte, como simple consecuencia de la centralización de la prensa en manos de “hombres poderosos que tienen todos los motivos para ser deshonestos con determinados temas importantes”. A consecuencia de ello, “cualquiera que desafíe la ortodoxia imperante se ve silenciado con sorprendente efectividad” (Chomsky, 1996: 116).

La cita de Orwell no es gratuita, pues Chomsky ha sostenido en más de una ocasión que nuestro mundo ya es orwelliano (10) (cfr. 1995: 23-28), como si, aparte de haber establecido unos límites rígidos en el discurso público-mediático, el mundo del periodismo estuviese plagado de Winstons (11) que acaban comulgando con el poder.

Propaganda, discurso periodístico y construcción ideológica

“Toda publicidad”, dijo Roland Barthes, “es un mensaje: (...) comporta una fuente de emisión, que es la firma a la que pertenece el producto lanzado (y alabado), un punto de recepción, que es el público, y un canal de transmisión, que es precisamente lo que se denomina el soporte publicitario” (1990: 237). El modelo de propaganda aquí estudiado supone la producción de publicidad política (entendida como ideología), un “producto” lanzado por las clases empresariales y gubernamentales (y alabado por “expertos”, intelectuales mediáticos, académicos, etc.) a un público mediante un canal de transmisión que son los medios de comunicación. Las ideas de Barthes sobre la naturalización de la comunicación publicitaria (intentando restarle al mensaje “su finalidad interesada, la gratuidad de su afirmación, la rigidez de su conminación” -1990: 242-) pueden aplicarse a la neopropaganda que viaja en las páginas de los periódicos o las emisiones televisivas: el mito de la independencia y la “libertad” de prensa aseguran que lo que son mensajes de empresas privadas aparezcan sin finalidad “interesada”.

¿Qué consecuencias pueden apuntarse, desde una perspectiva atenta al discurso ofrecido por este aparato de propaganda? El resultado es que “la interpretación que los medios de comunicación dan del mundo” refleja “los intereses y las preocupaciones de los vendedores, los compradores y las instituciones gubernamentales y privadas dominadas por estos grupos” (Chomsky y Herman, 1990: 349), según la pauta que desvela el análisis estructural de los medios (cfr. Chomsky, 1997). A la imposición de una manera de ver del mundo, de una sola lectura hegemónica, se añade la relativización de la axiología que las circunstancias políticas imponen en cada caso: las premisas y los juicios de valor se cambiarán según afecte o no a los intereses (Chomsky y Herman hablan, por ejemplo, de víctimas “dignas” e “indignas”); las cosas son o no son lo mismo, según convenga o no. Un ejemplo de esta tergiversación interesada, que Chomsky y Herman ven como “un sistema casi perfecto de doble pensamiento a la manera de Orwell” (1990: 160), y que emplea determinados criterios sólo cuando conviene, puede verse en las elecciones “patrocinadas” por Estados Unidos en el Tercer Mundo, donde usualmente se manipulan símbolos para dar una imagen positiva (cfr. Chomsky y Herman, 1990: 156), y las palabras “democracia” o “paz” son relativizados o meramente distorsionados (12).

Aún más orwelliano es otro efecto: el del silenciamiento y, frecuentemente, olvido de toda disidencia; un hecho que tiene relaciones directas con la idea de construcción de la cultura. En Semiótica de la cultura, Lotman y Uspenskij, considerando los modos mediante los cuales se dota de contenido histórico a una cultura, apuntan que la transformación en texto de una cadena de hechos va acompañada inevitablemente por la selección, esto es, por la fijación de determinados acontecimientos, que se traducen en elementos del texto, y por el olvido de otros, declarados inexistentes (en Lotman y Escuela de Tartu, 1979: 74).

Traslademos este esquema a la selección informativa de los medios y, según el modelo de Chomsky y Herman, comprobaremos que los contenidos de la comunicación de masas, los textos, también se producen “olvidando” o declarando “inexistente” la mayoría de la disidencia ideológica. Un sistema, en suma, propagandístico (imposición de una ideología determinada) y contrapropagandístico al mismo tiempo (eliminación de la disidencia, filtro anticomunista (13), etc.).

Una lectura ideológica del modelo de propaganda nos ofrece una cosmovisión prácticamente unilateral (14); una fuente de persuasión política basada en la selección/reducción propagandística de la información, que, en última instancia, produce un mensaje paradójico: hay que desentenderse de toda acción política, pues estamos en buenas manos, la democracia de mercado (sobre todo, de mercado) funciona, y la publicidad se ocupa de nuestras necesidades. Los efectos culturales añadidos son obvios, como la eliminación del cuestionamiento crítico desde los medios, por no hablar del debilitamiento de la izquierda, que fue apuntado por el propio Edward Herman cuando revisó el modelo de propaganda. Herman dijo que “la izquierda está en una enorme desventaja en el campo de batalla de las ideas y de los símbolos” (1998: 106); ideas y símbolos que conforman un tejido cultural ajustado a las necesidades del establishment. “El control sobre las definiciones de la realidad”, dice Herman, “la agenda sobre aquello que la gente tiene permitido pensar, la capacidad de reiterar mensajes y manipular símbolos son ingredientes básicos de poder” (1998: 106). Creemos que no es aventurado, en este contexto, pensar que para los autores del modelo de propaganda las consecuencias ideológicas eran considerables.

En consecuencia, el modelo de propaganda de Chomsky y Herman nos pone al borde de una esfera pública políticamente manipulada e ideológicamente limitada al imperativo comercial, los programas de entretenimiento barato o la telebasura (15). En palabras de Chomsky, asistimos a una ideología que considera que los individuos deberían (...) sentarse solos enfrente de la televisión, y someterse a la repetición sobre sus cabezas del mensaje que reza: El único valor en la vida es poseer más mercancías o vivir como la familia rica de clase media que estás viendo ahora mismo en la tele (...). Eso es todo lo que puede dar la vida. Puedes pensar dentro de tu propia cabeza que debería haber algo más que eso en la vida, pero como estás tú solo delante del tubo de rayos catódicos, enseguida lo asumes: debo estar loco, porque las cosas son como son. Y como no se permite ningún tipo de organización –eso es absolutamente crucial- nunca podrás encontrar una forma de comprobar si está loco o no, y tú lo asumes, simplemente, porque es una cosa muy natural de asumir (Chomsky, 1995: 9)(16).

Los orígenes de esta idea se sitúan en un marco que imbrican, de nuevo, el sistema de comunicaciones y el poder político. En “What Makes Mainstream Media Mainstream”, Chomsky traza el último punto de su análisis del sistema de propaganda mediática: la estructura doctrinal de la que proceden los mensajes (cfr. 1997: 5-8), que es, en última instancia, el modelo de pensamiento favorecido por el sistema de propaganda y sus efectos. En realidad, la matriz ideológica que se esconde detrás de las elites descritas por el modelo, y, consecuentemente, detrás de los media y su manipulación, es tan antigua como la propia democracia moderna. Al menos desde la revolución inglesa del siglo XVII, las elites han percibido la necesidad de refrenar a la “Gran Bestia”, es decir, el pueblo y sus esperanzas democráticas, según la expresión del federalista norteamericano Alexander Hamilton, cuya visión opuesta a la más democrática de Thomas Jefferson ha sido constatada en varias ocasiones por nuestro autor (17). Para Chomsky, la tensión entre una visión política de defensa de los intereses de las elites y otra que lucha por ampliar los derechos democráticos en general ha sido constante en los últimos siglos; la propaganda, huelga acaso decirlo, ha sido uno de los principales instrumentos (y tal idea trasciende el modelo chomskyano y se integra en la pura esencia de lo propagandístico) para asegurar que los intereses de las clases privilegiadas quedaran intactos (18).

En el caso de la propaganda contemporánea que nos ocupa, la versión hamiltoniana de esta controversia reaparece en el citado concepto de “ilusiones necesarias” de Reinhold Niebuhr, para quien “la racionalidad pertenece a los observadores fríos”, mientras que el “proletario”, irracional, sólo sigue “ilusiones” necesarias; tan necesarias como esas “simplificaciones excesivas con poder emocional” prescritas por Niebuhr, y hechas a la medida de “la estupidez del hombre medio” (citado en Chomsky, 1992a: 29) (19). Chomsky ha referido en varias ocasiones la fórmula de la “democracia del espectador” y la “fabricación del consenso”, aportadas por el decano del periodismo estadounidense, Walter Lippmann, en Public Opinion (1922). La idea nace en un contexto, los años 20, donde la propaganda se ha transformado en un “órgano regular del gobierno popular” (Lippmann, citado en Chomsky y Herman, 1990: 13), y su complejidad técnica e importancia aumentaban sin cesar (probablemente, apuntaríamos, tras la explosión propagandística que se había producido en la primera guerra mundial, con el nacimiento de la propaganda científica). Lippmann pensaba que los “intereses comunes en gran parte eluden a toda la opinión pública, y sólo pueden ser dirigidos por una clase especializada cuyos intereses personales trasciendan lo meramente local” (Lippmann, citado en Chomsky y Herman, 1990: 13); además, respaldó esta noción con una peculiar “teoría de la democracia”:

“Defendía que en las democracias que funcionan bien hay distintas clases de ciudadanos. En primer lugar, tenemos la clase de los ciudadanos que deben jugar un papel activo en la gestión de los asuntos generales. Es la clase especializada. Es la gente que analiza, ejecuta, adopta decisiones, y saca las cosas adelante en los sistemas económico, político e ideológico. Es un porcentaje pequeño de la población (...). Esos otros que están fuera del pequeño grupo, la gran mayoría de la población, son lo que Lippmann llama “las hordas asalvajadas” (Chomsky, 1995a: 5).

Es evidente que la clase dirigente estadounidense, con el precedente de la primera guerra mundial, se percató pronto del enorme poder de la propaganda para el control del pensamiento y el mantenimiento a raya de las “hordas asalvajadas”. Otro de los formuladores de la importancia de este poder fue uno de los primeros y más importantes estudiosos del fenómeno propagandístico, por no hablar de sus aportaciones en ciencias políticas y teoría de la comunicación: Harold D. Lasswell, autor que, según escribe Chomsky en “El nuevo orden mundial”,

“... reconoció que la propaganda era más importante en las sociedades más libres y democráticas, en las que el público no se podía mantener a raya a base de latigazos. Ajustándose a las normas imperantes, Lasswell preconizaba un uso más sofisticado de esta “nueva técnica de control” del público en general, que representaba una amenaza para el orden debido a la “ignorancia y a la superchería [de]... las masas”. Según explicó en la Encyclopaedia of the Social Sciences, no debemos sucumbir a “los dogmatismos democráticos según los cuales los hombres son los mejores jueces de sus propios intereses”. No lo son; los mejores jueces son las elites, los hombres ricos de las “naciones ricas” de Churchill, que deben asegurar los medios para imponer su voluntad, para el bien común” (1996: 112-113).

Como Lippmann, el pionero de las relaciones públicas Edward Bernays salió del Committee on Public Information (CPI) dirigido por George Creel, la agencia propagandística creada por el presidente Wilson para convencer al pueblo estadounidense de la necesidad de entrar en la primera guerra mundial. Uno de los triunfos del CPI fue transformar a un pueblo antiintervencionista en una masa histérica deseosa de aplastar todo lo que fuese alemán; según Chomsky, otro de sus logros fue generar, con Bernays a la cabeza, la industria de las relaciones públicas empresariales en Estados Unidos. Una poderosa industria de propaganda que aplicó las técnicas de la Psychological Warfare (propaganda de guerra) del conflicto de 1914-1918 al control del pensamiento (cfr. Chomsky, 1997: 7).

En última instancia, lo que comenzó como una teoría política antidemocrática acaba cerrando el círculo con la propaganda corporativa, y con el sistema de medios mainstream: las enormes inversiones de la clase empresarial americana, además de esforzarse históricamente en identificar “americanismo” y “libre empresa”, dedican considerables recursos a influir sobre los líderes de opinión y los intelectuales (en esencia, la misma metodología que vimos anteriormente) (cfr. Chomsky, 1996: 110-123).

Final

Creemos que la progresiva penetración ideológica de los intereses dominantes (básicamente, intereses corporativos) ha venido a dar la razón al modelo de propaganda de Chomsky y Herman. Los significados sociales y políticos se limitan progresivamente, al amparo del pensamiento único, a los nuevos estilos de vida generados por la publicidad comercial y los mensajes corporativos. En este contexto, el conservadurismo cultural y político es otra consecuencia, y muy esperable en estos tiempos de ataques sistemáticos a las nociones ilustradas de progreso y de invectivas “postmodernas” contra todo intento de clarificación racional. Chomsky, que se considera a sí mismo un hijo de la Ilustración, ha criticado en alguna ocasión las corrientes de pensamiento postestructuralista y postmoderno, al juzgar que su efecto “suele ser el de confundir, intimidar, distraer la atención y el esfuerzo de las preocupaciones serias, y reforzar algunos aspectos negativos de la cultura y la sociedad de mercado”, según declaraba en una entrevista (Cromby, 1998: 183), aún reconociendo que puede haber trabajos serios en dichos sectores intelectuales. La comunicación y el mercado, los dos nuevos “paradigmas” que, según Ignacio Ramonet reemplazan a los ideales ilustrados de progreso y cohesión social (cfr. 1997: 87-89), son los ideologemas que se funden en la visión de Chomsky y Herman, orquestados por los nuevos amos del mundo (20): las transnacionales como gobierno mundial de facto (cfr. Chomsky, 1996).

Las proclamas sobre el fin de las ideologías o los eslóganes tipo “TINA” (“There Is No Alternative”(21) son síntomas claros de que, según el consenso de elite, hemos llegado al mejor de los mundos posibles. Lógico: ¿para qué debe preocuparse la gente por abstrusas ideologías, por la política o por la veracidad de la comunicación si nos persuaden de que estamos en buenas manos? Todo actúa como un reflejo de la “democracia del espectador” lippmaniana. Acaso pensamos ya como esos individuos enfrentados al tubo de rayos catódicos de los que hablaba Chomsky. Cabe pensar que, si para la ideología dominante ya no hay ideologías, nos aguarda un futuro de cosmovisiones light generadas por la publicidad y demás espectáculos diseñados para las “hordas asalvajadas”, más allá de todo cuestionamiento racional. En la línea clásica de la propaganda totalitaria, el análisis ético y racional (precisamente el que hacen Chomsky y Herman) es el enemigo declarado de ese nuevo tipo de persuasión política (por no hablar de toda la sociedad del espectáculo (22), que nos bombardea con el “qué”, con el dato, con el hecho, con el producto, sin darnos el “por qué”.

En general, las consecuencias del modelo de propaganda institucional esbozado por Noam Chomsky nos ponen al borde de un mundo orwelliano, de un nuevo totalitarismo que ha adoptado formas más subrepticias que las anteriores fórmulas de dominación. Acaso el planteamiento del lingüista norteamericano y de Edward Herman tienda excesivamente a la simplificación, pero, como ha apuntado Chomsky ante estas reservas, su modo de pensamiento y trabajo tiende a aislar los factores generales de cada situación, las causas, sin entrar en una vorágine de detalles y hechos que imposibilitaría entender nada (cfr. Jones, 1990). La cuestión es que, en cierto modo, el pensamiento de Chomsky se incardina en la larga tradición de las teorías críticas sobre los medios de comunicación (aunque sin el componente freudomarxista de la Escuela Crítica, por ejemplo (23), y nos ofrece una lectura de los presupuestos ideológicos y operativos de las instituciones y focos de poder del ámbito estadounidense; instituciones y focos cuya influencia se extiende paulatinamente, como un modelo a seguir, a los sistemas informativos, políticos y hasta culturales más diversos del planeta (24).

En cualquier caso, valga este trabajo como un intento de contribuir a los estudios de propaganda y control ideológico en una época de (aparente) fin de las ideologías, y en un medio, el periodismo, que (aparentemente) proclama su “independencia”. Si algo distingue a la propaganda es la búsqueda de influencia ideológica de unos pocos, mientras los muchos (los influidos) se sientan felizmente pensando que esos pocos son sabios rectores de sus destinos (eso ocurría con Bonaparte, con Lenin, con Hitler); hoy, según el modelo chomskyano, los pocos siguen convenciendo a los muchos de lo mismo, según las fórmulas de las “hordas asalvajadas” de Walter Lippmann o Harold Lasswell, o, incluso, de que los pocos no existen, mientras los informes de Naciones Unidas revelan que 358 personas acumulan una riqueza equivalente a la mitad de la población mundial (25) y los medios de comunicación se integran progresivamente en estructura oligopolísticas.

Fuente

domingo, 29 de noviembre de 2009

El Poder de las Pesadillas y el Ascenso de la Política del Miedo - Documental de la BBC


Documental de la BBC acerca de la actual política del miedo de los neoconservadores, la ascensión del Islamismo radical y el partido republicano. Así comienza: "En el pasado, los políticos prometían crear un mundo mejor. Tenían distintas formas de lograrlo. Pero su poder y su autoridad surgía de la visión optimista que ofrecían al pueblo. Esos sueños fracasaron. (...) Pero ahora han descubierto un nuevo rol que restaura su poder y su autoridad. En vez de repartir sueños, ahora los políticos prometen protegernos de las pesadillas...."





miércoles, 25 de noviembre de 2009

Outfoxed, Rupert Murdoch´s War on Journalism - Documental



Documental, que trata sobre los noticiarios de la cadena Fox (una cadena del imperio de Rupert Murdoch). El lema de Fox News es "fair and balanced" más o menos "justo y equilibrado" pero en realidad demuestra lo contrario, carente de objetibidad, manipulando sin reparo la realidad, presionando incluso a sus reporteros en favor de los neo-conservadores, el partido republicano y el gobierno de George W. Bush, o a favor de lo que al sistema le gusta que el público esté de acuerdo.

OUTFOXED, es un excelente documental, que nos muestra perfectamente como es el lavado de cerebros de una corporación de medios de comunicación, hacia la gente que la mira, creando opiniones a su propio antojo y conveniencia. Imperdible.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Control Room - Documental Sobre los Medios de Comunicación en la Guerra de Irak


Control Room es un documental sobre los días previos al bombardeo y los posteriores a la invasión de Iraq. Con las directas amenazas de “Mister Danger”, hacia esa soberana nación, incluidas. Y sobre las desesperadas maniobras norteamericanas por ”vender” esa guerra a la opinión pública mundial, por medio de la propaganda incansable que pretende ser aceptada incondicionalmente y sin cuestionamiento alguno. Como si de una religión se tratase.

viernes, 20 de noviembre de 2009

The Trap, What Happened to our dreams of freedom? - Documental de la BBC


La serie consta de tres episodios:

1- Fuck you buddy
2- The lonely robot
3- We Will Force You to Be Free

En ellos se muestra cómo la creación de un modelo simplificado de los seres humanos como criaturas egoístas, casi robóticas, condujo a la idea actual de libertad. Este modelo derivaba de ideas y técnicas desarrolladas por los estrategas nucleares durante la Guerra Fría para controlar el comportamiento del enemigo soviético (Delicado Equilibrio del Terror).

Matemáticos como John Nash desarrollaron la paranoica Teoría de Juegos, cuyas ecuaciones solo funcionaban si los seres humanos se comportaban como criaturas egoístas y aisladas, constantemente sospechando y vigilandose entre sí, siempre tratando de sacar beneficio.

Este mismo modelo fue entonces desarrollado por biólogos genéticos, antropólogos, psiquiatras radicales y economistas del libre mercado, y ha llegado a dominar tanto el modo de pensar político desde los años setenta como el modo en que piensan las personas acerca de ellos mismos como seres humanos.

Sin embargo, esta idea simplista contiene las semillas de nuevas formas de control. Y lo que las personas han olvidado es que hay otras ideas de libertad. Estamos, según Curtis, en una trampa de nuestra creación que nos controla, priva de significado y causa caos y muerte en el extranjero.

Fuck you buddy



The lonely robot



We Will Force You to Be Free

domingo, 4 de octubre de 2009

Die Welle (La Ola) Pelicula Alemana del 2008 Completa



Para que vean un poco lo que es vivir en la opresión de un régimen donde si no piensas o haces lo que los de arriba te dicen, un pequeño infierno se apodera de tu vida...
Excelente película para que veamos como un pequeño experimento en una escala tan pequeña como puede ser un aula en un colegio secundario, refleja la psicología humana, cuando el facismo domina un pais - Mírala como ejemplo de lo que puede suceder en el futuro si un nuevo orden mundial nos domina, tal como le sucedió al pueblo alemán con la llegada de los Nazis.


Die Welle

Drama. Basado en hechos reales / SINOPSIS: En otoño de 1967 Ron Jones, un profesor de historia de un instituto de Palo Alto en California, no tuvo respuesta para la pregunta de uno de sus alumnos: ¿Cómo es posible que el pueblo alemán alegue ignorancia a la masacre del pueblo judío? En ese momento Jones decidió hacer un experimento con sus alumnos: instituyó un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndoles sus libertades y haciéndoles formar en unidad. El nombre de este movimiento fue The Third Wave. Ante el asombro del profesor, los alumnos se entusiamaron hasta tal punto que a los pocos días empezaron a espiarse unos a otros y a acosar a los que no querían unirse a su grupo. Al quinto día Ron Jones se vió obligado a acabar con el experimento antes de que llegara más lejos.

El director alemán Dennis Gansel (Napola) ha trasladado esta experiencia a nuestros días y a su tierra natal: Alemania. Esta vez es el profesor quien hace la pregunta a sus alumnos: ¿Creéis que es imposible que otra dictadura vuelva a implantarse en Alemania? Y comienza el experimento… Presentada en Sundance, “Die Welle” fue nº1 en la taquilla alemana.



















Noticias - Chile planifica utilizar un nuevo sistema de identificación personal con tecnología biométrica de reconocimiento facial y dactilar



La licitación pública fue convocada por el Servicio de Registro Civil e Identificación

Los que vieron el famoso y controversial documental Zeitgeist, el espíritu de la nueva era, quedaban asombrados con la escena donde hablaban sobre el futuro de la identificación humana, un proyecto donde proyectaban el control mundial y un nuevo orden con la implementación de un chip en cada uno de los habitantes del planeta, con la intención de tener toda la información de cada individuo en una gran red donde cada acción que realizas será documentada.

En Chile, la licitación pública convocada por el Servicio de Registro Civil e Identificación para un nuevo “Sistema de identificación, documentos de identidad y de viaje y servicios relacionados”, asegurará que el carné y el pasaporte electrónico dispongan de tecnología de punta -como son la biometría dactilar y de reconocimiento facial- y de estrictas normas de seguridad, acordes a los estándares internacionales.

Las bases y especificaciones técnicas de este proceso han sido publicadas en la plataforma electrónica Mercado Público de la dirección de ChileCompra, instrumento que garantiza la transparencia de los actos transaccionales entre los compradores y los organismos proveedores del Estado.

Fuente

The U.S. vs. John Lennon - Documental sobre uno de los más grandes pacifistas del mundo



Antes de Iraq, antes de la Administración Bush, antes de las Dixie Chicks, Bruce Springsteen, y Pearl Jam … estaba John Lennon, el célebre músico que usó la fama y su fortuna para protestar contra la Guerra de Vietnam y a favor de la paz en el mundo. En este nuevo documental de Lionsgate y VH1, THE U.S. VS. JOHN LENNON, los realizadores David Leaf y John Scheinfeld resiguen la metamorfosis de Lennon desde el encantador "moptop" que integraba Los Beatles, pasando por el activista antibélico, hasta llegar a ser icono inspirador, mientras revelan la auténtica historia acerca de cómo y por qué el gobierno de los EE.UU. trató de silenciarle.

"No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras." Lennon




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viernes, 2 de octubre de 2009

Proyecto Seal: Tsunami la gran arma invisible



Las pruebas nucleares submarinas están destacadas como causa desencadenante de los tsunamis. Y al revés: provocar Tsunamis para convertirlos en discretas armas de destrucción masiva, ha sido objeto de investigaciones militares desde la II Guerra Mundial. La desclasificación de documentos por algunos Gobiernos, trabajos científicos y un mapa geopolítico cambiante plantean la duda sobre qué provocó el Tsunami que asoló Indonesia.
Provocar artificialmente tsunamis para convertirlos en poderoso instrumento de destrucción masiva fue objeto de investigaciones militares secretas en la zona del Pacífico, en una época en que todas las potencias buscaban el arma por excelencia, capaz de llevar la destrucción al mismo tiempo a decenas de países causando millones de muertos. Los brujos de la época quisieron llegar cuanto antes al Armagedón y se lanzaron a una carrera en la que participaron los cerebros más importantes del mundo científico y los políticos más carentes de escrúpulos.

Durante la II Guerra Mundial se consideró que los tsunamis -las “olas grandes”- podrían ser tan efectivos, o más, que las bombas atómicas, con el añadido de su absoluta discreción. El lugar elegido para la experimentación se situó en las Antípodas, en la más remota región del Pacífico. En 1944-45, el profesor Thomas Leech, de la Universidad de Auckland, de la que fue decano de Ingeniería durante 50 años (hasta su muerte en 1973), provocó una serie de explosiones bajo el agua para impulsar pequeños maremotos en Whangaparaoa, al norte de Auckland.

El resultado fue tan sorprendente que, según los informes secretos de la época, habrían ahorrado el uso de las bombas atómicas si se hubiera dispuesto de un poco más de tiempo. Se trata del Proyecto Seal, cuyos documentos desclasificados han sido revelados ahora por el ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda. Los ingleses y los norteamericanos no congelaron el proyecto después de la guerra, sino que lo impulsaron. Decidieron enviar al doctor Leech para que asistiera a las pruebas atómicas en el atolón Bikini y comprobar si las explosiones podían ser el acelerador de sus tsunamis.
En su lugar, asistió el doctor Kart Compton, un experto nuclear norteamericano. Se quedó tan impresionado que propuso a la Junta de Jefes del Estado Mayor de EEUU continuar con el proyecto y contar con la colaboración del Gobierno de Nueva Zelanda. Algunos colegas científicos de Leech, como Neil Kirton, confirmaron los experimentos del creador de tsunamis. Se hicieron pruebas a pequeña escala que confirmaron que podría llegar a ser devastador. Desde entonces los experimentos continuaron en el más absoluto secreto, con la complicidad de los Gobiernos de la zona.

Entre las causas que pueden desencadenar los tsunamis, están reseñadas fehacientemente las pruebas nucleares (explosiones) submarinas, dice Lila Rajiva, periodista de Baltimore (que lanzará próximamente en Monthly Review Press su libro The Language of Empire: Abu Ghraib and the American Media).

- EEUU ha realizado 1.054 pruebas nucleares entre el 16 de julio de 1945 y el 23 de septiembre de 1992. Antes de 1962, se hacían en la atmósfera (en tierra o en los océanos Atlántico y Pacífico), pero la mayoría de ellas -839- se verificaron bajo el suelo. Francia realizó 193 pruebas nucleares en los atolones de Mururoa y en Fangataufa, entre 1966 y 1996 (además de otras cuatro en el Sahara). De ellas, 44 fueron atmosféricas. Éstas continuaron hasta 1974, y desde entonces se hicieron subterráneas. Los experimentos -que implican una carga nuclear importante- se realizan a una profundidad de 500 a 1.200 metros en el suelo basáltico del atolón. Como se recordará, los servicios secretos franceses estuvieron involucrados en la voladura de un barco y la muerte de dos pacifistas que protestaban contra las pruebas.
En 1995 tres residentes en Tahití -Marie Thérése Danielsson, Pierre Largenteau y Edwin Haoa-, perjudicados en sus propiedades, se querellaron contra el Gobierno francés, denunciando además que las explosiones nucleares producían a corto término daños geológicos y aventaban a la atmósfera gases y productos volátiles de la fisión. Añadían que podían ocasionar corrimientos de tierras, como el que ocurrió en Mururoa en 1979 y que provocó un gran tsunami.
El desprendimiento de tierras en este atolón removió un millón de metros cúbicos de coral y rocas, que crearon una cavidad de unos 140 metros de diámetro, y produjo una gran ola comparable a un tsunami, que se extendió por el archipiélago Tuamotu y causó numerosas víctimas en la parte meridional del atolón. Las autoridades francesas declararon inicialmente que se debió a causas naturales. Al final reconocieron el llamado “accidente del 25 de julio de 1979″.



Algo más que sospechas fundadas

Los tsunamis son raros en el océano índico, aunque se han registrado siete terremotos cerca de Indonesia, Pakistán y la bahía de Bengala. La gran ola del 26 de diciembre de 2004 es el primer tsunami multioceánico desde que estalló el Krakatoa en el siglo XIX.
Indonesia es un archipiélago de 17.000 islas que se asientan en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se juntan las placas y los volcanes estallan regularmente. La región está desprotegida de sistemas de alerta al quedar fuera de la red de estaciones cuya central está en Hawai. Los datos sobre movimientos sísmicos son considerados secretos por algunos Estados, como China.

Existe la posibilidad teórica de que una gran explosión produjera directamente el fuerte terremoto que puso en marcha el tsunami. También, que pruebas nucleares anteriores lo hayan producido indirectamente.
Las circunstancias y consecuencias de las pruebas nucleares en toda la zona del Pacífico están clasificadas como alto secreto. EE UU no ha ratificado el Tratado de Prohibición de Pruebas (Comprehensive Test Ban Treaty), dejándose así la puerta abierta a nuevos experimentos. Desde 2002, año en que se ha reactivado secretamente la carrera nuclear multinacional -y ya no entre dos bloques-, se han buscado muchos pretextos para realizar nuevas pruebas en la región.

- Según Eugene Bingham, del New Zealand Herald, expertos en tsunamis creen que un ingenio nuclear secretamente probado fuera de las costas de Auckland, hace 50 años, pudo haber desarrollado el efecto devastador.
Investigadores de la Universidad de Waikato sostienen que un experimento moderno, sucesor de aquellos proyectos de guerra experimentados fuera de Whangaparaoa, podría producir olas de más de 30 metros de altura. El doctor Willem de Lange, del departamento de Ciencias de la Tierra, dijo que mientras una sola explosión no es necesariamente efectiva, una serie de ellas podrían causar un impacto significativo. Informó que un grupo de costas de la universidad estudió recientemente los probables impactos de explosiones volcánicas submarinas.
Su trabajo concluye diciendo que la siguiente erupción en la región de Auckland será probablemente submarina dada la gran cantidad de agua que rodea la ciudad. Pero el test demostró que una sola explosión en el golfo de Hauraki no provocaría un tsunami. Las olas no fueron altas porque la energía se proyectó hacia arriba y no hacia los lados. Cree que el mismo principio podría ser válido para la bomba tsunami. “No se puede confinar la energía. Una vez que la explosión se hace lo suficientemente grande, toda su energía va hacia la atmósfera y no dentro del agua. Pero una de las cosas que descubrimos fue que sí se produce una serie de explosiones en el mismo lugar, sería mucho más efectiva y podría provocar olas más grandes”.

Islámicos, principales damnificados

El hecho de que los países y las zonas más afectados por el tsunami fueran en su mayoría islámicos despertó las más graves suspicacias, si se tienen en cuenta algunas consideraciones estadísticas inquietantes, como hace el analista Jim Mortellaro. Los musulmanes son un tercio de la población mundial. La costa indonesa de Sumatra, justo donde el tsunami fue más devastador, forma parte del país que cuenta con mayor número de musulmanes del mundo. Cerca de 100.000 víctimas de la catástrofe eran musulmanes indonesios. En conjunto, la mayoría de las víctimas fueron de esta religión, budistas o hindúes.
Siguiendo con las estadísticas, de los 186 países que componen las Naciones Unidas, el bloque unánime más poderoso de votos se concentra en los 57 países islámicos, que se alinean siempre en contra de la conjunción de EEUU e Israel. Con razón o sin ella, el mundo islámico se estremeció con la catástrofe y buscó las causas de la tragedia en las fuentes de la corriente anti-islámica que le ha declarado la guerra.



Se desatan los rumores

Según el International Herald Tribune, del 29 de diciembre, los ordenadores de las oficinas de la Organización para el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares recibieron los datos sísmicos en la mañana del domingo sobre el terremoto que expandió el tsunami en el sur de Asia, pero no se comunicaron porque los 300 empleados de la oficina se hallaban de vacaciones. ¿Por qué? Porque carecían de capacidad para actuar oficialmente, a la espera de la ratificación del tratado por 11 países, incluidos EE UU, Pakistán y Corea del Norte. Durante su conferencia de prensa en la reunión de Yakarta, el coordinador de las Naciones Unidas para Ayuda en Emergencia, Jan Egeland, soltó el rumor -extendido en el mundo árabe- de que el terremoto había sido provocado por un experimento nuclear. Luego, cogido por las orejas por Kofi Annan, tendría que rectificar.
La prensa israelí se hizo eco de estos rumores. El Jerusalem Post y el Arutz Sheva informaron de que un prominente semanario egipcio -identificado como Al Osboa o Al Ousboue- sostenía que India, en su carrera nuclear con Pakistán, habría recibido tecnología nuclear avanzada de EEUU e Israel y habría sido probada en la región del océano índico conocida como el Cinturón de Fuego.

El Times de India añadió otras insinuaciones; entre ellas, que el terremoto fue causado por pruebas de armamentos que pueden provocar terremotos y erupciones volcánicas remotas a través de ondas electromagnéticas. Se refería seguramente al Haarp. También se dijo en ese diario que fue un efecto colateral de un experimento para tratar de corregir la rotación de la Tierra.

De acuerdo con el semanario egipcio Al-Ousboue, India, en su carrera nuclear con Pakistán, habría recibido un sofisticado know-how nuclear de EEUU e Israel, los que habrían colaborado con India para “desislamizar” Asia.

Según el reportaje del semanario, del que se hizo eco el Jerusalem Post el 7 de enero de 2005, desde 1992 importantes centros geológicos de Inglaterra, Turquía y otros países habrían alertado de no realizar experimentos nucleares en la región del océano Índico conocida como el Cinturón de Fuego. Desoyendo estos consejos, Israel e India continuaron sus pruebas en la región.
Más recientemente, EEUU decidió seguir con los experimentos en el desierto australiano que está incluido en el mismo cinturón. Según el semanario, un año antes del tsunami, Arabia y los países islámicos pidieron a EEUU que parase sus experimentos en la región, y también hicieron la misma petición a India y a Israel.
Aunque Al-Ousboue no excluye la posibilidad de que el tsunami pudiera haber sido causado por un terremoto natural, especula con que “mientras esto no ha sido demostrado todavía, sí se realizó un experimento secreto nuclear”, conjuntamente por Israel e India, el 26 de diciembre, que causó el terremoto. El semanario egipcio concluye que “el intercambio de expertos nucleares entre Israel e India y la presión norteamericana sobre Pakistán, que se ejerce suministrando a India tecnología nuclear e impidiendo a Islamabad cooperar con Asia y con los Estados islámicos en el terreno nuclear, plantean una gran cuestión sobre las causas que están en el origen del violento terremoto”.





Desmentido ruso y otros secretos
Los desmentidos por parte de la prensa israelí no tardaron en llegar. Lo mismo hicieron los científicos de la Agencia de Energía Atómica, negando cualquier origen nuclear del tsunami. La edición rusa online MIGNews dijo que para producir un terremoto de 9.0 como el del océano Índico sería necesario hacer estallar una bomba de 178 megatones. Pero ni India, ni Israel, ni EE UU disponen de tal bomba. La máxima potencia que se conoce para ser probada hasta ahora fue una bomba H de 57 megatones detonada por la URSS en 1961. Sin embargo, no desmienten la realización de pruebas nucleares en la región, ni otros tipos de experimentos menos conocidos.
El 28 de noviembre, un mes antes del tsunami, Reuters informó que durante tres días 169 ballenas y delfines fueron llegando a las playas de Tasmania, una isla en la costa meridional del continente australiano y Nueva Zelanda, sin causa conocida pero obviamente huyendo de algo. Bob Brown, senador del Parlamento australiano, dijo que pudo ser debido al sonido de explosiones de bombas o de pruebas sísmicas del fondo marino para sondeos de gas y petróleo efectuadas cerca de Tasmania.
Según Jim Cummings, del Instituto australiano de Ecología Acústica, que informa sobre las nuevas tecnologías del sonido para fines militares e industriales, desde 1968 se han realizado en la zona sondeos potentes con cañones de aire; emiten ondas de sonido de baja frecuencia capaces de penetrar mas de 40 km bajo el suelo marino, susceptibles de provocar grandes olas. Cabe mencionar que el Gobierno australiano dio luz verde a un gran programa de pruebas sísmicas en la zona para exploraciones petroleras, que aunque no tienen suficiente potencia para inducir el temblor, recuerdan que en el pasado tales actividades produjeron terremotos.
Benjamín Cremer, de la revista Share Internacional, que informa habitualmente de los terremotos en cualquier lugar, afirmó: “Es imposible realizar una prueba nuclear subterránea sin provocar un terremoto, no necesariamente en las inmediaciones, sino en cualquier parte del mundo. Las pruebas nucleares son responsables de la cuarta parte de todos los terremotos que se registran”.

Para más informacion click aquí

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Surplus: Terrorized into being consumers - Documental Sueco-Italiano, Contra el Consumismo Brutal por Erick Gandini



Surplus es un documental basado en el consumismo y en la globalización y los 30 segundos de comerciales que “son la Tv más poderosa que existe”.

Éste documental, tipo videoclip, utiliza recursos visuales para enfatizar sus argumentos en el espectador. Hace uso voces en off tomadas de los discursos de líderes políticos como Fidel Castro y George Bush; y de Jhon Zerzan y Kalle Lasn, teóricos del Anarco-Primitivismo.

El documental parte de los disturbios que enmarcaron la Cumbre del G8 en Génova, Italia, y de la muerte de uno de los manifestantes.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Jesus Camp - El Controvertido Documental de Campamentos para Cristianos Evangélicos



Documental sobre un campamento cristiano para niños, situado en Dakota del Norte, en el que se enseña a chavales de apenas 6 años a ser "soldados cristianos del ejército de Dios". En estos "Campamentos de Jesús" se instruye en el cristianismo evangélico a millones de niños americanos con la misión de "conquistar América para Cristo" y se les entrena para que sean "soldados" del ejército de Dios y parte del futuro político de América. Basado en las experiencias de tres niños, Levi de 12 años, Tory de 10 y Rachael de 9, que asisten a un campamento de verano llamado "Kids on Fire" en el estado de Dakota, las directoras Heidi Ewing y Rachel Grady muestran la misión de la pastora Becky Fischer: enseñar a los niños a temprana edad a abrazar el cristianismo a través de programas intensos de instrucción evangélica, en los que se les enseña cosas como "Los hechiceros son enemigos de Dios. Si Harry Potter hubiera aparecido en la Biblia, habría sido condenado a muerte".

En Palestina, a los niños también los entrenan, pero con armas. Su objetivo es que los cristianos estén tan involucrados con su religión como los musulmanes. El objetivo es que los niños que pasan por estos campamentos cristianos lleguen a tener un papel activo en la política de EEUU.

El 25% de la población estadounidense se describe como evangélica. Eso son unos ochenta millones de personas. Son muy tenaces, y se están abriendo paso a golpes hasta posiciones de poder. Y es la manera de actuar de un grupo que se ha comprometido a construir un gobierno con el que estén agusto.


miércoles, 23 de septiembre de 2009

Armas de Desinformacion Masiva



video sobre la manipulación de los medios

El club Bilderberg + Descarga de Libro



El título "Bilderberg" viene del que es generalmente reconocido como el lugar de su primer encuentro oficial en 1954: el Hotel de Bilderberg en Oosterbeek cerca de Arnhem en los Países Bajos. Aunque la conferencia no es oficialmente observada como un club de ningún tipo, muchos miembros son asistentes regulares, y los invitados son a menudo vistos como pertenecientes a un reservado Grupo Bilderberg.

Entre los asistentes de Bilderberg se encuentran banqueros, expertos de defensa, dueños de la prensa y los medios de comunicación, ministros de gobierno, primeros ministros, realeza, financieros internacionales y líderes políticos de Europa y América del Norte.

Algunos de los financieros más importantes del mundo occidental y estrategas de la política extranjera acuden a Bilderberg. Donald Rumsfeld es un bilderbergiano activo, como lo es Peter Sutherland de Irlanda, que estuvo en la comisión de la Unión Europea y fue presidente de Goldman Sachs y BP. Rumsfeld y Sutherland se embarcaron juntos en el 2000 a bordo de la compañía sueca/suiza de energía ABB. El anterior subsecretario del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos y posterior presidente del banco mundial Paul Wolfowitz es también miembro, al igual que Roger Boothe, Jr. El presidente actual del grupo es Étienne Davignon, político y hombre de negocios belga.
Click en el Link para descargar el libro completo "La Verdadera Historia del Club Bilderberg" de D. E.:

http://www.filefactory.com/file/a0bf82b/n/unnuevoordenmundial_rar

Alguno de los más importantes miembros son:

* Donald Rumsfeld. Secretario de Defensa de Estados Unidos con importantes conexiones empresariales. Quien en otro tiempo negociara con Saddam Hussein coincide con otros importantes miembros de la administración Bush en los encuentros de Bilderberg. Richard Perle y Paul Wolfowitz son algunos de ellos.

* Reina Sofía. Reina consorte de España. La esposa del rey Juan Carlos I cuenta con una fundación que lleva su nombre. Esta institución colabora con el proyecto de Muhammad Yunus y sus microcréditos, por el cual se conceden préstamos a muy bajo interés a personas de zonas desfavorecidas. En Bilderberg también se dan cita otros miembros de las casas reales europeas, como su hija Cristina de Borbón y Grecia, quien dirige la fundación social de La Caixa, que también tiene programas de microcrédito.

* Alan Greenspan. Ex-gobernador del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos y ex director de la banca Morgan. La influencia de este organismo en la economía mundial es obvia. También lo es la suya personal, ya que Greenspan ha estado siempre vinculado a los últimos dirigentes conservadores de EE.UU. Entre ellos, Nixon y Reagan. También ha ejercido su cargo durante los mandatos demócratas de Bill Clinton.

* Henry Kissinger. Ex secretario de Estado de los EE.UU. El Premio Nobel de la Paz en 1973 es acusado de ser responsable de la muerte de cientos de civiles en Laos y Camboya. Asimismo, apoyó junto con Richard Nixon el golpe de estado del Gral. Augusto Pinochet en Chile contra el gobierno democráticamente electo del socialista Salvador Allende. Este norteamericano, nacido en Alemania, es el fundador de Kissinger Associates, donde hasta hace poco trabajaba Paul Bremer, administrador civil de Estados Unidos en Irak.

* David Rockefeller. Multimillonario. Durante 35 años, este miembro de la dinastía Rockefeller fue el responsable de la Chase Manhattan Bank, además de otros muchos negocios. El fundador de la Comisión Trilateral también desea ser conocido por su labor como mecenas y obras benéficas.

entre otros...

El Grupo de Bilderberg, es, sin duda, el más poderoso de las redes de poder. Reune personalidades de todos los países, líderes de la política, de la economía, de las finanzas, de los medios de comunicacion social, la realeza así como algunos científicos y universitarios. Para aquellos que investigan sobre las redes de poder, el Grupo Bilderberg es el verdadero Gobierno Mundial.

Más en concreto, los objetivos del Club Bilderberg serían:

* Un sólo gobierno planetario, con un único mercado globalizado, con un sólo ejército y una única moneda, regulada por un Banco Mundial.
* Una Iglesia universal, que canalice a la gente hacia los deseos del Nuevo Orden Mundial. El resto de las religiones serán destruidas.
* Unos servicios internacionales que completarán la destrucción de cualquier identidad nacional a través de su subversión desde el interior. Sólo se permitirá que florezcan los valores universales.
* El control de toda la humanidad a través de medios de manipulación mental. Este plan está descrito en el libro Technotronic Era (Era Tecnotrónica), de Zbigniew Brzezinski, miembro del Club. En el Nuevo Orden Mundial no habrá clase media; sólo sirvientes y gobernantes.
* Una sociedad postindustrial de "crecimiento cero", que acabará con la industrialización y la producción de energía eléctrica nuclear (excepto para las industrias de los ordenadores y servicios). Las industrias canadienses y estadounidenses que queden serán exportadas a países pobres como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Nicaragua, etc., en los que existe mano de obra barata. Se hará realidad, entonces, uno de los principales objetivos del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América de Norte).
* El crecimiento cero es necesario para destruir los vestigios de prosperidad y dividir a la sociedad en propietarios y esclavos. Cuando hay prosperidad, hay progreso, lo cual hace mucho más difícil la represión.
* Cabe incluir en ello la despoblación de las grandes ciudades, según el experimento llevado a cabo en Camboya por Pol Pot. Los planes genocidas de Pot fueron diseñados en Estados Unidos por una de las instituciones hermanas de Bilderberg, el Club de Roma..
* La muerte de cuatro mil millones de personas, a las que Henry Kissinger y David Rockefeller llaman bromeando "estómagos inservibles", por medio de las guerras, el hambre y las enfermedades. Esto sucederá hacia el año 2050. "De los dos mil millones de personas restantes, 500 millones pertenecerán a las razas china y japonesa, que se salvarán gracias a su característica capacidad para obedecer a la autoridad", es lo que afirma John Coleman en su libro Conspirators' Hierarchy: The Story of the Committee of 300. El doctor Coleman es un funcionario de inteligencia retirado que descubrió un informe encargado por el Comité de los 300 a Cyrus Vance "sobre cómo llevar a cabo el genocidio". Según la investigación de Coleman, el informe fue titulado "Global 2000 Report", "aprobado por el presidente Carter, en nombre del Gobierno de Estados Unidos y refrendado por Edwin Muskie, secretario de Estado". Según este informe, "la población de Estados Unidos se verá reducida a 100 millones hacia el año 2050".
* Crisis artificiales para mantener a la gente en un perpetuo estado de desequilibrio físico, mental y emocional. Confundirán y desmoralizarán a la población para evitar que decidan su propio destino, hasta el extremo de que la gente "tendrá demasiadas posibilidades de elección, lo que dará lugar a una gran apatía a escala masiva".
* Un férreo control sobre la educación con el propósito de destruirla. Una de las razones de la existencia de la UE (y la futura Unión Americana y Asiática) es el control de la educación para "aborregar" a la gente. Aunque nos resulte increíble, estos esfuerzos ya están dando "buenos frutos". La juventud de hoy ignora por completo la Historia, las libertades individuales y el significado del mismo concepto de libertad. Para los globalizadores es mucho más fácil luchar contra unos oponentes sin principios.
* El control de la política externa e interna de Estados Unidos (cosa ya conseguida a través del Gobierno de Bush), Canadá (controlada por Inglaterra) y Europa (a través de la Unión Europea).
* Una ONU más poderosa que se convierta, finalmente, en un Gobierno Mundial. Una de las medidas que conducirán a ello es la creación del impuesto directo sobre el "ciudadano mundial".
* La expansión del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América de Norte) por todo el hemisferio occidental como preludio de la creación de una Unión Americana similar a la Unión Europea.
* Una Corte Internacional de Justicia con un sólo sistema legal.
* Un estado del bienestar "socialista" donde se recompensará a los esclavos obedientes y se exterminará a los inconformistas y alborotadores.

Top Secret - Armas Silenciosas para una Guerra Silenciosa

Este documento es la doctrina adoptada por el Comité Político del Grupo Bilderberg durante su primera reunión conocida en 1954. Una copia fue encontrada en 1969 estaba en posesión de Inteligencia Naval de EEUU.

El documento siguiente, datado en Mayo de 1979, se encontró el 7 de julio de 1986, en un copiador de IBM que fue comprado en una venta de sobrantes. Click en el Link:

http://animalweb.cl/n_o_imperial/nomundial/armas_%20silenciosas.htm



Top Secret

Armas Silenciosas para una Guerra Silenciosa

Silent weapons for a quiet war

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Mentiras del Nuevo Orden

Chips para ser insertados bajo la piel

Estados Unidos aprobó la comercialización de un microchip que se coloca bajo la piel y brinda a los médicos información sobre las personas que los utilizan, pero que en el futuro podría ser utilizado en materia de seguridad.

La compañía Applied Digital anunció que la Food and Drug Administration (FDA), que controla la venta y difusión de alimentos y medicinas, aprobó la introducción al mercado de su producto “VeriChip”, al que presentó como “un microchip de identificación a través de frecuencias de radio implantable para uso humano”. El dispositivo fue aprobado para “usos médicos”, pero la empresa quiere extender su aplicación a otros terrenos.

El “VeriChip” ya fue presentado en México, donde fue lanzado como una herramienta de seguridad para luchar contra los secuestros extorsivos, donde se vende a 150 dólares y ya fue implantado en unos mil pacientes.

Por ahora, el “VeriChip” será utilizado en Estados Unidos solamente para brindar información sobre alergias, grupo sanguíneo e historia clínica a los médicos, según se anunció. Pero no es difícil prever un futuro más amplio para este producto.

DATOS

-El “VeriChip” es un microchip inerte, encapsulado que transmite su información cuando es leído por el escáner. Su tamaño es como un pequeño grano de arroz, no tiene químicos ni baterías y dura hasta veinte años.
-Se coloca al interior de la piel. El usuario debe pagar 9,95 dólares al mes para mantener su información actualizada en el registro de posicionamiento global satelital.

Fuente